dimecres, 28 d’abril de 2010

HOSPITAL DE LA SANTA CREU I SANT PAU

El sábado fue un día denso. Denso pero agradable. Hizo un tiempo inmejorable, absolutamente mediterráneo, que invitaba a pasear y a reconciliarse con la vida. Durante la tarde, la actividad fue intensa. Antes de dar nuestro apoyo a Garzón y nuestro homenaje a las víctimas y familiares del franquismo en la plaza Sant Jaume estuvimos en el Hospital de Sant Pau, tan cercano a casa (dos manzanas), pero no afortunadamente por motivos médicos.
El Hospital de Sant Pau (de la Santa Creu i de Sant Pau, para ser exactos) es una entidad antiquísima. Se fundó en el año 1401 y tenía su sede en el actual Raval, en unas imponentes naves góticas que actualmente acogen la Biblioteca de Catalunya. El edificio medieval quedó pequeño y además era poco adecuado para las ideas sobre salubridad que comenzaron a circular a finales del siglo XIX. Por ello en 1902 se encargó al modernista Lluís Domènech i Montaner la construcción de un nuevo hospital en las cercanías del, entonces (y ahora) en construcción, templo de la Sagrada Familia. Domènech i Montaner edificó una serie de pabellones (27 en concreto) que ocupaban nueve manzanas. Entre mucho verde y sosiego se suponía que los enfermos guarecían antes. Respondía a un concepto de la medicina actualmente perdido.
Pero el nuevo hospital también acabó por quedar pequeño. Se ha construido recientemente un nuevo Sant Pau confortable, moderno, tecnológicamente indiscutible, en una zona muy cercana. Mas el nuevo Sant Pau no tiene, obviamente, el encanto del Sant Pau original. Del Sant Pau de los pabellones modernistas.
Aprovechando que los pabellones han quedado vacíos se ha iniciado una amplia reestructuración del entorno, recuperando los elementos originales. Y es por este motivo que el sábado se realizó la jornada de puertas abiertas. Ese fue mi sosegante paseo modernista antes del No pasarán.
(Los recintos del antiguo hospital de Sant Pau se dedicarán, tras la rehabilitación, a usos cívicos, vecinales, de exposición y de la recién creada Unión por el Mediterráneo, que tiene su sede en mi ciudad.)

re

diumenge, 25 d’abril de 2010

YO ESTUVE AHÍ (NO PASARÁN)

El sábado 24 de abril se convocaron en varias ciudades del Estado marchas o concentraciones en apoyo al juez Garzón. En Barcelona, sin gran publicidad (a mí me llegó a través de un mail que me mandó Mireia), el acto se organizó a las seis y media en la plaza Sant Jaume, el antiguo foro de la Barcelona romana y desde siempre centro del poder político. Como reza el encabezamiento de esta entrada, yo estuve ahí.


Se está haciendo necesario reaccionar y gritar por lo que está ocurriendo. Más allá de cosas que nos puedan haber gustado más o menos del juez Garzón hay algo innegable: el juez está siendo cuestionado y amenazado por algo muy concreto: haberse atrevido a juzgar los crímenes del franquismo. El gran, enorme tabú de nuestra historia reciente.

Desde siempre, en los medios de comunicación, se nos ha vendido la excelencia de nuestra transición: ha sido como si se nos quisiese convencer. Y sin embargo desde hace un tiempo se está cuestionando mucho esa transición. Porque a la viuda y nietos de Franco se les pasó una pensión económica durante muchísimos años. Porque nunca se cuestionó ninguno de los crímenes del dictador. Porque no ha sido hasta hace muy poco que se dice por fin en voz alta que los fascistas vivieron siempre protegidos hasta que se murieron en sus camas.

Lo peor de todo es seguramente la capacidad que tiene la caverna española de darle la vuelta a todo. Ellos persiguen al juez por haber tocado lo que no debía: nosotros somos quienes nos situamos contra la justicia puesto que no tenemos el respeto debido al Tribunal Supremo (por mucho que éste admita la querella presentada por Manos Limpias, que todos sabemos lo que son). Ellos, los herederos del franquismo, son quienes votaron la constitución y quienes defienden la democracia y la ejemplaridad de nuestra transición: nosotros somos los exaltados que nos quejamos sistemáticamente de todo y que forzamos actitudes difícilmente aceptables. Ellos se llenan la boca con palabras como libertad y justicia, y nosotros una panda de comunistas trasnochados, peligrosos y exaltados que no estamos nunca conformes con nada. Y luego rubrican su moderación extraordinaria con un Viva España, Viva el Rey que a mí me suena a Santiago y cierra España. Que haya mucho silencio, mucha censura, mucha prohibición, mucha tristeza y muchísima hipocresía no parece importarles. Lo único que les importa es que nada que pueda molestarles vaya a tocarse y que sean capaces de seguir dándole la vuelta a todo para seguir pasando ellos, justamente ellos, por demócratas de toda la vida.


Esta idea, la de que igual no fue tan maravillosa nuestra transición, fue la idea central del acto del sábado. Hablaron, entre otros, las escritoras Rosa Regàs y Carmen Domingo, los actores Fernando Guillén, Vicky Peña y Jordi Dauder, el fiscal Jiménez Villarejo, y varios representantes de asociaciones de antiguos represaliados por el franquismo. Numerosas banderas republicanas, porque al final es eso, el espíritu de la República frente a una monarquía de raíz franquista, lo que estamos reivindicando. Muchísima emoción, contenida o no. Numerosos letreros de gente anónima que se hacía oír de forma silenciosa. Poemas de Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández (los poetas mártires del fascismo). Y un grito final que quiero traer en forma de vídeo. Porque seguimos necesitando ese grito: luchar para que no pasen quienes quieren sustraernos la democracia y quieren callarnos la boca con palabras como justicia y libertad, palabras que en sus labios resultan ya excesivamente prostituidas.

re

dijous, 22 d’abril de 2010

LA RESPUESTA DE JOSEP PLA

El día 23 de abril es mi día favorito. En Catalunya es el día de la rosa y del libro, de la belleza y de la cultura. Por ello es también el día de los enamorados, de forma mucho más intensa que el día de San Valentín. La original y machista costumbre inicial (el hombre regalaba a la mujer una rosa y ella un libro a él) se ha afortunadamente democratizado. Hombres y mujeres se regalan rosas y libros. Los libros salen a la calle. Bajar al centro tiene un inconveniente: los tumultos suelen ser espantosos y al final, como suele suceder cuando tanta gente se junta, se ven más cogotes que libros. Pero siempre es posible perderse por alguna parada solitaria.

Para quienes frecuentamos librerías todo el año lo único por lo que merece la pena esta fiesta es porque es una fiesta culta, en que la gente se agrupa para comprar libros. Naturalmente tiene esa faceta comercial que lo tiñe todo en nuestro tiempo, pero eso es lo feo de la fiesta y no me apetece entrar. Y en definitiva sigo pensando que es más edificante una multitud mirando libros que una multitud mirando playstations.

Para celebrar esta fiesta en mi blog quiero traer a un escritor estupendo y un programa de televisión como los que ya no se hacen. El programa se llamaba A fondo. Por él pasaron escritores excelsos. Esos programas se pueden afortunadamente conseguir fácilmente (no os perdáis los de Cortázar, Borges, Rulfo o Carpentier, entre muchos otros). Y el escritor es Josep Pla, un raro especímen que con su provincianismo reivindicado, con su nulo interés por pasar a la historia de la literatura, con su postura (¿postura?) desacralizada supone un soplo de aire fresco. Ahora que cualquier escritorzuelo parece que está haciendo obras de arte todo el santo día y que cierra los ojos para pontificar administrando sabiamente sus silencios densísimos, asistir a un escritor que parece que no se toma en serio es muy agradable. Porque además era un gran escritor y un hombre sabio. Al principio del vídeo Joaquín Soler Serrano le pregunta "¿Qué es para usted la felicidad?". La respuesta de Pla no se hace esperar. Cuando la escuché por primera vez pensé que estaba totalmente de acuerdo con él. Si alguien quiere saber cuál es la respuesta de Josep Pla deberá comenzar al menos el vídeo siguiente.

Desde luego vale la pena seguir viendo lo que Pla responde luego. Y feliz Sant Jordi a todos: que las rosas y los libros os alcancen todo el año.

re

dilluns, 19 d’abril de 2010

ADJUDICADO

No es la primera vez que hablo de la importancia de los comentarios en las entradas. Se me ha demostrado en muchas ocasiones. No es necesario que un comentario aporte nada espectacular: el mismo diálogo es ya importante. Pero en ocasiones ocurren cosas. Como cuando escribí mi entrada sobre el Lazarillo. La puse en el blog con un cierto miedo, puesto que aparentar dárselas de algo es siempre muy molesto y particularmente odioso, al menos para mí. Pero uno no puede evitar hablar de cuanto le sucede; de lo divino y de lo humano. Y por otro lado tengo claro que todos quienes frecuentamos los blogs nos parecemos en mucho. En nuestra afición por la lectura, quizá, en nuestro respeto por la cultura, en la curiosidad humana que es la que desde siempre ha movido el mundo (junto con otras causas más o menos nobles que no es necesario mentar). Así que desde esa seguridad de encontrarme entre iguales voy poniendo en mi blog lo que me acontece. En ocasiones más ligero, en otras más inspirado. Toda vida que no recorre los extremos y se extasía en ellos es un vida postiza y seguramente aburridísima.

Hablaba en mi reciente entrada sobre el uso de los diminutivos en el Lazarillo. Tras comentar algo que había observado en mi aproximación de este curso al clásico hablaba de la polémica sobre el autor, una cuestión que ha regresado este pasado invierno revestida, como suele suceder, de la solemnidad de las cosas bendecidas por la verdad histórica. Dije en aquella apostilla final que no me fiaba en absoluto de esos artículos que aseguraban que era el poeta y prosista Diego Hurtado de Mendoza el autor de la anónima novela. No me fiaba porque desde hacía muchísimos años, tantos como cientos, se había planteado ya esa autoría, así como muchas otras. No voy a volver sobre ello. Solo quiero citar uno de los comentarios que recibí.

La doctora Mercedes Agulló, para apuntar su tesis de que Hurtado de Mendoza era el autor de El Lazarillo, señalaba que entre los papeles del poeta se había encontrado un texto en que se hacía referencia a ciertas correcciones al Lazarillo y la Propalladia. La Propalladia es un texto de Torres Naharro. Lo primero que pensé es que era extraño que esos dos textos apareciesen referenciados juntos en los papeles de Hurtado de Mendoza. Y que si la Propalladia no era de Hurtado de Mendoza no tenía por qué serlo el Lazarillo. Me escribió un tal Escarlati, desconocido hasta aquellos momentos, dueño de un rigurosísimo blog, para apuntalar lo que yo pensaba. Cito el comentario que hizo en mi página:

" Como he dicho en algún otro lugar, en 1573 Juan López de Velasco publica su versión expurgada del Lazarillo y Propalladia juntas en un tomo (Madrid, Pierres Cosin). Creo evidente que el "legajo de correcciones hechas para la impresión de Lazarillo y Propaladia" que menciona la Dra. Mercedes Agulló es el borrador de la edición conjunta de 1573. Hasta ahora siempre se ha pensado que Juan López de Velasco había sido el autor de estas correcciones, pero aunque fueran hechas por Diego Hurtado de Mendoza (ya que la Dra. Agulló dice que esa frase estaba entre los papeles de don Diego), solo demostraría que fue el editor literario que enmendó, suprimió y añadió textos al Lazarillo."

Justo eso. Si alguien desea profundizar en el tema debe leer la entrada Lazarillo y Propalladia: dos textos castigados que se encuentra en su blog. Efectivamente, adjudicar el Lazarillo a Hurtado de Mendoza tenía tan poca entidad como lo que hizo la doctora Rosa Navarro hace unos años adjudicándolo a Alfonso de Valdés.
Un par de días más tarde el amigo Josep Estruel , hombre de enormes inquietudes, gran sensibilidad e inteligencia muy exacta, me enviaba por correo un libro que le había dejado una conocida suya. Se trataba de un ejemplar del Lazarillo traducido al catalán del año 1892. Resulta divertido tratar de entender esas páginas escritas en catalán antiguo, es decir, prefabriano, en el que se pueden leer lo que actualmente son errores ortográficos evidentes: perçò, deya, may, dichvos, lo, ab y otras. Pero una de las cosas más sorprendentes era el título y el autor. La vida de Llàtzer de Tormes per D. Diego Hurtado de Mendoza, como puede verse en estas imágenes. Una prueba evidente de que ya hace más de cien años el nombre del poeta había aparecido en alguna edición del Lazarillo, sorprendente que fuera en una edición catalana.

re

divendres, 16 d’abril de 2010

HARTAZGO

El Constitucional no lo consigue ni a la de cinco. Servidor está harto, cansado, desengañado. De muchas cosas.

El Constitucional no lo consigue porque la propuesta votada era demasiado benévola. Volverán a comenzar. Tras cuatro años los miembros del Tribunal Constitucional no han conseguido ponerse de acuerdo. Fue el PP quien presentó los recursos. La demora me parece sencillamente vergonzosa (ya van cuatro años). También son vergonzosas las circunstancias de un Tribunal Constitucional que actúa de oficio porque nadie es capaz de renovarlo.

Yo me pregunto, ¿estos son los señores imparciales que deben decidir la limpieza de un texto que voté? ¿Esos son los sabios que decidirán si decidí bien o se nos fue la mano? ¿Alguien se cree no ya la eficacia, que está visto que no, sino sencillamente la seriedad del TC?
No es sólo eso. Es la indignación que me produce estar a expensas de unos señores que pueden tocar ni que sea una coma que no debieran. Los dos parlamentos que me representan votaron el texto (y el parlamento central lo rebajó, recuerdo). Y además los catalanes lo votamos y lo aprobamos en un referéndum perfectamente legal. Lo que digan los sabios deberá ser acatado, supongo, pero ciertamente no compartido. Y que luego se pregunten algunos cuál es el motivo de que los catalanes sintamos que el encaje en España es cada día más difícil...

El otro día me pasaba una amiga un correo de esos que circulan por la red. Un powerpoint en que se invitaba a los ciudadanos del resto del Estado a no consumir productos catalanes. Ya estoy acostumbrado. Me molesta. Pero me molesta menos que muchos catalanes cuando dicen aquello de que: tanta preocupación por el Estatut, cuando en realidad hay cosas más importantes. Desde luego que sí. Es cierto, hay muchas cosas mucho más importantes que eso. Pero se trata del mismo discurso de las derechas patrias cuando dicen aquello de: tanta preocupación por la memoria histórica y por lo que sucedió hace tantos años, cuando en realidad hay cosas más importantes.

A mí me preocupa todo lo que puede ser preocupante en la sociedad. Todo. Pero también me preocupa que los fachas nos quieran robar la memoria. O que los jueces quieran robarnos la democracia, porque de eso se trata. Harto, cansado y desengañado. Y va a más.

re

dimecres, 14 d’abril de 2010

SÓLO LOS LOBOS

(Este es un texto mío que ha aparecido en el blog Grito de Lobos el día 14 de abril)

Recientemente se ha publicado en prensa la curiosa encuesta en que se revela que, de las diferentes profesiones y grupos sociales, los españoles desprecian fundamentalmente dos: el de los políticos y el de los okupas. No hablaré del segundo grupo. Porque la encuesta en cuestión me recordó las tres entradas que el amigo Antonio dedicó al tema hace un par de meses o algo menos.

Por otro lado debo decir que referirme a uno de los compañeros de Grito, a lo que escribió en su blog, me supuso una traba al principio, cuando pensé que seguramente era una muestra de ombliguismo imperdonable. Pero puesto que en el segundo artículo de nuestros Acuerdos se recoge que en este blog "pueden traerse y referenciarse entradas interesantes de otros blogs" decidí seguir esa indicación.

Me refiero a las entradas acogidas al título genérico de "De noble arte a oficio de la política". El primero de los artículos habla, tras constatar una crisis en el momento actual, de la nobleza que lleva implícita la tarea de ser servidor público, que eso es ser político en realidad. Sigue a continuación un análisis de las tres formas de organización política y social existentes; formas que convivieron efectivamente en los años 30 del siglo pasado y que colisionaron en la Segunda Gran Guerra: democracia, comunismo y nacional-socialismo. La segunda entrega recoge el triunfo de una de las tres formas y el hundimiento de las otras dos con todo lo que ello conllevará: neoliberalismo económico y globalización. De lo cual, añado yo, se derivan otros conceptos fundamentales como posmodernidad o relativismo. Y otras consecuencias que también Antonio recoge en su texto. Como la del político de izquierdas que "está jugando la partida en campo contrario, con unas normas que le atrapan e impiden desarrollar su propia política social, sujeto a la acometida de los medios si se desvía lo más mínimo". Es decir, la misma estructura del terreno de juego, de la realidad que nos circunda, obliga al político de izquierdas a desarrollar una labor contra el soplar general de los vientos de la realidad. Ese es el gran drama de las izquierdas en nuestro tiempo.
Por otro lado, según el autor, el hecho de que existan esos "supraestados" (multinacionales, banca) que son quienes tienen el verdadero poder que mueve el mundo, lleva a los políticos a desempeñar un papel totalmente rebajado: "si los gobiernos no tienen las manos libres para tomar las decisiones que mejor convengan al conjunto de los ciudadanos (...) el noble arte de la política pasa a ser un “oficio”, una actividad sujeta a los designios del señor dueño del poder real". Ese es, según Antonio, el elemental motivo que impide que los políticos nobles y entregados, aquellos que justamente podrían dignificar su tarea, se vean degradados y empujados al saco común de la minoría: los corruptos, los interesados, los aprovechados.

En el tercer y último artículo se repasan algunos de los excesos que se derivan de todo ello, así como las causas más notables: el poder del dinero, la pérdida de valores, la política económica agresiva, la ausencia de alternativas ideológicas tras la caída del comunismo... Por todo ello estamos como estamos.

La solución que propone Antonio pasa por la conciencia individual y colectiva, por lo que yo llamaría la creación de un verdadero tejido social formado por individualidades coherentes. Estoy totalmente de acuerdo. Ese es el camino: la coherencia, la entrega, la generosidad, la unión. Las grandes cosas vendrán por añadidura.

No tengo claro que ello sea posible. Frente a todo lo señalado por el autor de los artículos observo yo la sombra espantosa de la individualidad y del egoísmo. Individualidad y egoísmo significan caer en la ciénaga del status quo. Y no percibo en general la energía para unirse y caminar en otra dirección. Pero el empeño de los que gritamos en este blog y en tantos otros pasa muchas veces por hacer realidad esa voluntad que nosotros observamos como verdadera necesidad.
Antonio Azorín publicó hace cien años una novela emblemática que hablaba de otra crisis, la del 98. La voluntad, se llamaba esa novela que trataba también de formular los males sociales y buscarles un remedio fundamental. El gran error de los hombres del 98 fue seguramente su romanticismo: esperar soluciones mágicas y externas. Hoy sabemos ya que no. Es de dentro de donde debemos arrancar la pasión para transformar y crecer definitivamente. Sólo faltan tres cosas: que podamos un día ser muchos, que tengamos verdadera voluntad y que nos pongamos a ello.

re

diumenge, 11 d’abril de 2010

GRITO DE PAPEL

Se puede gritar con voz o en papel. Se puede también gritar en digital, que supongo que es lo que hacemos en los blogs a veces (y se me permitirá que barra para casa y remita a Grito de Lobos, ese blog que compartimos varios amigos; viene al pelo con lo que hablamos). Cuando uno grita puede dejarse las cuerdas vocales por el camino, aparte de generar contaminación acústica o simplemente molestia estridente. Pero cuando uno grita en papel todo es mucho más silencioso, aparentemente. Aparentemente, porque los grandes gritos que han pasado a la historia han sido gritos de papel.

No estoy diciendo que el grito de papel que hoy traigo vaya a pasar a la historia, ni siquiera a la historia pequeñita de un barrio, de una calle, de una familia.
Paseando el otro día me encontré este grito en catalán, incluso con falta de ortografía incluida. "Perdona'm Nico", "Perdóname Nico". ¿"Perdóname" por qué? ¿Qué falta atroz había cometido la mujer (pensé que era mujer quien había escrito el mensaje, aunque ello desde luego sea lo de menos) para andar pidiendo perdón en una hoja de papel? ¿Con quién se había acostado la muy casquivana? Porque sí, eso es lo que pensé, que la desesperada había caído en la red de algún don Juan y ahora sólo quedaba pedir perdón al novio ultrajado. ¿Y cómo pedir perdón de forma efectiva si alguien no quiere atenderte al teléfono? Gritar en papel, empapelar con papeles de arrepentimiento todo el barrio del novio. Sí, seguí caminando y descubrí que no era un papel, que eran montones de folios pegados en las farolas, en las paredes, en los postes de la luz. Y en todos siempre el mismo grito, la misma súplica.

Imaginé la cara del pobre Nico, elevado ya a la categoría de cornudo por culpa de una imaginación imparable, saliendo a por el pan y descubriendo que la novia lo ha llenado todo de disculpas. Nico, en lugar de arrancar los papeles, ahí los deja. Que se vayan consumiendo noche tras noche, lluvia tras lluvia. Verá diariamente el grito de la otra. Ello le recordará un momento de dolor sentimental pero también la humillación de ella, imprimiendo y pegando, pegando e imprimiendo, hundida, pidiendo perdón por las esquinas.

re

dijous, 8 d’abril de 2010

SON UNOS SINVERGÜENZAS

Desde siempre han habido varias cosas que me han posicionado contra la Iglesia. Me molesta ese conservadurismo económico y social. Me molesta la cultura sobre la sexualidad que proponen, tan pacata y tan superada. Me molesta que se arrimen siempre a los buenos (económicamente hablando, claro está). Me molesta ese paternalismo que me provoca urticaria. Me molesta que prediquen un cristianismo social que luego no proponen ni en realidad defienden. Me molestan infinitas cosas de la Iglesia.

Pero lo que más, sin duda, su hipocresía moral. Ese doble lenguaje que enmascaran con una retórica meliflua y hueca. Y que durante tantos años hayan ocultado los casos de pederastia que tienen en sus filas. Y que para ellos la justicia de los hombres sea algo aparte. Y que se vistan con ropajes de precio prohibitivo cuando se manifiestan preocupados por las desigualdades sociales.
Ni me los creo ni me los voy a creer jamás. Resulta irónico que con lo que les está cayendo sean ellos ahora quienes hablen de persecución, quienes con la canallería que les es propia se sitúen, justamente ellos, del lado de los perseguidos.

Y esta polémica en el seno de la Iglesia, de esa Iglesia que a pesar de los pesares sigo pagando con mis impuestos, se junta con otras perlas de grandísimo calado. El caso Gürtel, por ejemplo, con el que para variar no va a pasar absolutamente nada (como si lo viera). Como el caso Palma Arena y el presidente Matas, pagando a rajatabla los tres millones de euros que no le supuso ningún problema juntar para evitar la cárcel (luego se supo que se los dejaron sus amigos banqueros para comprar, ay, no sé qué ocultos favores). Como el auto que ha prosperado contra el juez Garzón a instancias de la extrema derecha (lo cual significa que quien tenga la poca vergüenza de atacar a Garzón se sitúa, por tanto, en la línea de la extrema derecha). En fin, que es como para echarse a temblar.
Y si alguien quiere seguir temblando horrorizado ante la catadura moral de la especie humana no tiene más que asomarse al vídeo que nos puso los pelos como púas en el día de ayer, el del asesinato de un periodista en Irak. Si terribles son las imágenes lo que de verdad asusta es el audio (por eso traigo el vídeo subtitulado): la vida y la muerte de un ser humano, inocente además, convertido en mero juego de ordenador, en mera afición por el disparo, en pelea por querer comenzar cuanto antes a disparar las ráfagas mortales. Sin palabras.

Tras tanto por odiar queda una última y esperanzada reflexión: la de que afortunadamente el ser humano exhibe también grandeza y generosidad cuando se lo propone. Esa es la única esperanza que nos queda.

re

diumenge, 4 d’abril de 2010

LO QUE ME TRAJO EL SUEÑO

Crecemos. Y llegamos al horroroso territorio de la adolescencia. Quiero hablar de la mía por culpa de un sueño reciente. Mi subconsciente, tramposo e incordiante como todos, hizo que yo olvidara un episodio de mis quince años. Y la otra noche un sueño justiciero (el maldito subconsciente otra vez) me lo trajo de nuevo. Me desperté con las prisas habituales en un día de trabajo pero sobre todo con la sorpresa de haber recuperado un recuerdo. Con el pasmo de quienes han sido iluminados. Una experiencia extraña y no sé si del todo grata.

Cuando dejé las monjas continué de alguna manera vinculado a la entrañable Sor Coro, esa monja que no era un as de la pedagogía moderna pero que tanto afecto me demostró (alguna torta recibí también, justo es decirlo). Cuando hice mi primera comunión ella me mandó un rosario bendecido no sé por quién. Naturalmente no lo lucí más que en el momento en que nos acercamos a verla, porque ella quiso recibirme aquel día. Entonces, antes de entrar en el convento, mi madre sacó la cajita del rosario de su bolso y me lo puso entre las manos. A partir de aquel día, ocasionalmente, íbamos a verla. Y poco a poco se fue perdiendo la relación familiar, aunque a veces mi madre la llamaba para saber cómo seguía.
Tenía quince años y era mi primer curso en el instituto. Cierto día, a la salida, encendí mi Fortuna (todavía me mareaban aquellas caladas) y comencé a caminar con mis amigos y amigas de entonces. Uno llevaba cresta. La otra un jersey raído e iba abrazada a su novio. El tercero caminaba mientras liaba ostentosamente un porro. Recuerdo que reíamos y que la vida era más maravillosa de lo que nunca volvió a ser. Mientras esperábamos para cruzar en un semáforo (calle Muntaner, creo que con Calaf), mientras yo apuraba gozoso mi Fortuna, me veo en la esquina de enfrente a Sor Coro, preparada para cruzar en dirección a nosotros. Inoportuno momento, qué duda cabe. Después de tantos años una presencia querida y afectuosa se presentaba justo cuando el momento era más inoportuno. Porque la monja me miraba sonriendo, como una madre. Me quedé hipnotizado viéndola. En cuanto el semáforo se pusiera verde íbamos todos a ponernos a andar e íbamos a cruzarnos. ¿Qué hacer? ¿Detenerme? ¿Saludarla? ¿Recibir el fuerte abrazo que sin duda me iba a dar aquella monja encapotada y anciana? ¿Recibir ese abrazo inesperado delante del que liaba el porro, delante del de la cresta, delante de la que iba besándose exageradamente con su novio? No había tiempo a pensar demasiado. Tampoco a desaparecer, a desmaterializarme, a trasladarme a algún confortable universo paralelo.
El semáforo se puso verde. La monja no dejó de mirarme ni yo a ella. Imposible fingir no haberla visto. Pasó por mi lado y no tuve agallas de hacer lo que deseaba. La negué (como San Pedro, ahora que lo pienso). Mi mirada fue casi de auxilio. ¿Cómo quiere que la salude, vieja y entrañable Sor Coro, con esta fauna que me acompaña? ¿No entiende usted que si la saludo mañana me convertiría en la comidilla del insti? Y su mirada, fija también, parecía decirme sólo que había crecido mucho. Lo cual no es bueno por sí mismo.

Continuamos caminando y riendo. Riendo ellos. Yo estaba todavía pensando en el encuentro. Tras unos pasos me di la vuelta y observé a la monja subiendo por Muntaner con lentitud. No volví a verla jamás: murió al cabo de dos o tres años. Su mirada, no obstante, continuó fija en mí durante muchos días, durante meses, probablemente tenga que asomarme solamente a la memoria para sentir que sigue ahí. Una mirada que percibo condescendiente, como lo es la mirada de la mayoría de los viejos.
Este es el recuerdo olvidado que me trajo el sueño.

re