
"En un cajón hay un puñal.
Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado;
Luis Melián Lafinur se lo dio
a mi padre, que lo trajo del Uruguay;
Evaristo Carriego lo tuvo
alguna vez en la mano.
Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban;
la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera;
la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.
Otra cosa quiere el puñal.
Es más que una estructura hecha de metales;
los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso;
es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató un hombre en Tucuarembó
y los puñales que mataron a César.
Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.
En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal
con un sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima,
el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.
A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia,
y los años pasan, inútiles.
Jorge Luis Borges"
¡Qué terrible el gran Borges! Lo mejor del poema, sin duda, esa imagen del puñal sediento de sangre. Luego, esa otra imagen del puñal en tanto que todos los puñales: el puñal que espera en el cajón es el mismo que mató a César. El uno es el todo. Y finalmente ese final espectacular. Los años pasan, inútiles. Ya conocía el poema. Me fascinó siempre. ¿Conoces el poema del I Ching, de Borges también?
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