
(Ahora que ha terminado ya la jornada machadiana elimino la introducción a la entrada y me limito a recoger el nombre de los blogs que, además del mío, se han sumado al homenaje. Son los que siguen:
El pobrecito hablador del siglo XXI,
María Jesús desde Paradela,
Ana Rodríguez Fischer ,
Isabel Martínez desde su cobijo de una desalmada,
Emeygriega,
El hippie viejo,
Culturajos, Susana de
El Cajón de los pretextos,
Paco,
Nina,
Viu i llegeix,
Club Thorton,
Café de Madison,
Ciberculturalia,
Reflexiones de un izquierdista,
Menda,
Raticulina,
Arobos,
El buscador de tusitalas,
Recreo de colores,
Trovador sin lengua ,
Los cuentos de la abuela,
En un acorde azul,
Azul y verde,
Kabila,
Cosas de Antonio ,
A viaxe,
Meridiana y
La antorcha de Kraus.
Mariano José fue quien sintetizó en una frase que me encanta todo este empeño: "Porque sí, sin conmemoraciones, sin aniversarios, por la obra literaria y el legado ético de Antonio Machado"
Pues por todo eso, que no es poco.)
Al principio dudé. ¿De qué Machado hablar? ¿Qué Machado homenajear? Del último Machado, por ejemplo. Si al final va la firma, su dignidad fue la firma. Pensé en hablar de los artículos de
La Vanguardia, tan impresionantes. Se puede acceder a ellos desde
este enlace. Pero no hablaré de ellos: algunos lo han hecho mejor de lo que sin duda iba a hacerlo yo. Basta con leerlos y sorprenderse de que hoy también algunos reaccionarios puedan reivindicar a Machado, cuando en realidad deberían callarse y dejar que la cara se les fuera cayendo de vergüenza a trozos.

Pensé primero en un poema bastante desconocido que a mí siempre me ha sorprendido. Quien haya leído sus poemas sorianos y se haya emocionado con ellos podrá observar de qué modo la guerra lo trastoca todo, hasta el recuerdo. Se trata de un poema ("El poeta recuerda las tierras de Soria") fechado en 1938, en plena guerra, cuando el poeta había huido ya a tierras de Valencia (meses después llegará a Barcelona) y publicado en
Hora de España. El imaginario soriano habitual en
Campos se ha contaminado y teñido definitivamente por la inmediatez de la contienda. Aparecen las zancas, las armas, los aviones, Caín o la figura mítica de un moscardón guerrero. Se trata de un soneto que puede leerse
aquí.
Un bello poema. Pero ni me parece el mejor ni es el que más me emociona. Así que al final recurrí a uno de mis preferidos: "Al maestro Azorín por su libro Castilla" (qué gran libro
Castilla, y qué bonita la prosa mediterránea de Azorín). De este poema finalmente seleccionado me emociona el detalle, la descripción sensible, la aparición del propio poeta, viudo reciente de Leonor y esa intrahistoria castellana descubierta con tesón, sensibilidad y muchos caminos. El final del poema es extraordinario.

"La venta de Cidones está en la carretera
que va de Soria a Burgos. Leonarda, la ventera,
que llaman la Ruipérez, es una viejecita
que aviva el fuego donde borbolla la marmita.
Ruipérez, el ventero, un viejo diminuto
—bajo las cejas grises, dos ojos de hombre astuto—,
contempla silencioso la lumbre del hogar.
Se oye la marmita al fuego borbollar.
Sentado ante una mesa de pino, un caballero
escribe. Cuando moja la pluma en el tintero,
dos ojos tristes lucen en un semblante enjuto.
El caballero es joven, vestido va de luto.
El viento frío azota los chopos del camino.
Se ve pasar de polvo un blanco remolino.
La tarde se va haciendo sombría. El enlutado,
la mano en la mejilla, medita ensimismado.
Cuando el correo llegue, que el caballero aguarda,
la tarde habrá caído sobre la tierra parda
de Soria. Todavía los grises serrijones,
con ruinas de encanares y mellas de aluviones,
las lomas azuladas, las agrias barranqueras,
picotas y colinas, ribazos y laderas
del páramo sombrío por donde cruza el Duero
darán al sol de ocaso su resplandor de acero.
La venta se oscurece. El rojo lar humea.
La mecha de un mohoso candil arde y chispea.
El enlutado tiene clavados en el fuego
los ojos largo rato; se los enjuga luego
con un pañuelo blanco. ¿Por qué le hará llorar
el son de la marmita, el ascua del hogar?
Cerró la noche. Lejos se escucha el traqueteo
y el galopar de un coche que avanza. Es el correo."