dimecres, 31 de març de 2010

A LA CONTRA (VI): PROCESSONS DE SETMANA SANTA

Nunca he podido con las procesiones. Veamos, nunca he podido con curas y monjas, la verdad. Naturalmente, a nivel individual de todo hay en todas partes. Gente nobilísima y entregada, verdaderos referentes. Pero siento que son referentes en tanto que seres humanos entregados, más allá de su labor pastoral que no me interesa. Y no me interesa porque toda religión supone una parte de irracionalidad no gozosa sino censora y castrante. Toda religión defiende unos intereses a menudo vergonzantes, y los defiende apelando a menudo a la incultura, al acriticismo, a la ignorancia, al machismo, a la inmovilidad de las clases sociales, incluso cuando las clases han significado muerte y miseria, o a cualquier otra idea que detesto que pueda ocurrírseme.

Muchos me han hablado de la enorme belleza de las procesiones sevillanas. No me apetece nada: no de conocer Sevilla, que me apetece enorme y absolutamente, sino de toparme con una serie de fanáticos que salen entre cantos, desgarros, gritos y lloros. Para mí son excesos, teatralizaciones que se sustentan en un conservadurismo moral acérrimo, una exaltación de lo más primario pero con una voluntad no expansiva. Creo que ahí, entre costaleros y damas enlutadas, me sentiría un verdadero y orgullosísimo extraterrestre. Me ha ocurrido otras veces en algún tipo de exaltación bellísima que según todos pone los pelos de punta: a mí me los pone pero de espanto. Seguramente no todo el mundo que asiste a las procesiones responde al tópico que me he formado, pero me temo que ese tópico abunda. Otra cosa, naturalmente, es que servidor se emocione, y mucho, con las saetas, con el flamenco, con todo lo hermoso y desgarrado que tiene el sur. Siento ese pellizco y siento ese duende. Pero cuando esa belleza está puesta al servicio del atraso y de los curas yo me bajo de una enorme zancada. Entre las cosas que no soporto se alza, descomunal y espantable, una procesión de Semana Santa sea en Sevilla o al lado de casa (en Barcelona hay pocas, gracias a Dios).

31 comentaris:

Antonio ha dit...

Bueno, yo soy andaluz y cuando llega la Semana Santa huyo de Málaga. Me voy a mi pueblo, que también es Andalucía, y procuro no salir en las procesiones, ni estorbarlas... ellos allá. Hay quien lo vive intensamente, incluso da explicaciones sociológicas justificativas de difícil comprensión. Yo, en líneas generales, comparto tu opinión. Me gusta el flamenco, soy de una peña flamenca, no canto, pero me gusta porque es la expresión de un pueblo oprimido que llora su lamento, que canta su alegría, que habla de amores, de poesía y emociones populares, etc… No me gustan las saetas aunque vibro con Serrat cuando canta la saeta de Machado, con su carga de mensaje rechazando al Cristo de la cruz y reivindicando el que anduvo sobre la mar. No soporto el discurso religioso del sufrimiento y el dolor como forma de salvarse… ¿De qué? En todo caso el sufrimiento es un ejercicio de sumisión que nos prepara para ser explotados por el poder asociado a la religión… Bueno, lo dejo por esta vía que me caliento.

Creo que hay demasiados prejuicios sobre Andalucía, que es la gran desconocida por haber sido mal usada con la pandereta y el folclore. La Andalucía profunda se acerca más a Séneca que a Lola Flores. Pero es que este país no somos capaces de comprender la diversidad como complemento, sino como diferencias incomprensibles. Nos parece extraño lo catalán, lo vasco, lo gallego y todo aquello que no tenga el visto bueno del pensamiento centralista. Algún día escribiré sobre mi tierra para expresar mi visión. Yo creo, Ramón, que tú compartes esta visión también, por lo que comentas.

La descripción que haces en tu primer párrafo sobre las religiones la firmo, si me lo permites, en su totalidad. Es más, creo que en algunas de las entradas de mi blog trato el tema en los mismos términos que tú.
Un abrazo y descansa estos días. Espero no haber abusado de tu espacio.

tula ha dit...

Bueno,¿ y si lo ves como un carnaval de Fellini?, o como un circo rarito...porque la gente va a que la vean...y la iglesia diciendo, " mira como comen de la mano"..
un abrazo.

mariajesusparadela ha dit...

Y yo que creo que las procesiones ya no tienen nada que ver con la religión y si con un maravilloso sentido pagano de la vida y de la fiesta...

madison ha dit...

Yo opino igual que tu Ramón, con todos los matices que pones.

Anna Jorba Ricart ha dit...

Ramon...
Siento gran respeto por los fieles seguidores de las procesiones de Semana Santa, por las hermandades,por los costaleros,por la religiosidad que profesan... etc,etc....
prefiero no entrar en disquisiciones.

Tan solo pensando en Sevilla, por ejemplo, en las fiestas de Semana Santa o en las que han de venir en Abril, que son las ferias, unque no tengan nada que ver y lo sé, me quedo con las segundas....
Un saludo.

Mercedes ha dit...

Pues mira por donde, aún perteneciendo a zonas tan distantes del territorio español, vamos a tener muchos puntos en común. Yo diría no "no soporto", pero casi, más bien no me interesan las procesiones, y mucho menos ir detrás, ni delante, ni a la vera, de los muñequitos entronados, por muy bien vestidos y enmarcados que vayan. Tanto es así que en Semana Santa procuro tener la compra hecha para no tener que pasar por el centro. Ahora bien, tengo que reconocer que como espectáculo popular es excepcional, hay tronos que son verdaderas obras maestras y no digamos la sincronización de los pasos. Sin olvidar la cantidad de arte que la religión ha aportado a la cultura y que se muestra en esos días.
Ahora bien, tengo que decirte que me eduqué con monjas y curas hasta los 17 años, y conocí de todo. Como en cualquier grupo, en las comunidades religiosas puedes encontrar lo mejor y lo peor del ser humano, en este mundo no hay santos, se canonizan después y a veces de una forma algo dudosa. Con el tiempo comprendí que muy frecuentemente solemos mezclar fe con religión, y son dos cosas muy distintas, creo que en esto estaremos de acuerdo; la fe nace desde el convencimiento personal y más profundo, la religión y las iglesias es cosa de hombres y, como tal, encierra las luces y sombras propias del ser humano.
Sea como fuere, respeto en lo más profundo a la gente que hace promesas religiosas, por ejemplo, como ir a una procesión descalza, desde el convencimiento y la fe, que las hay. Y desde luego me siento profundamente cristiana, aunque no católica convencida. Yo siempre digo que soy una practicante no católica y, desde este punto de vista, para mí, la muerte y la resurrección de Jesús son acontecimientos importantes en mi vida, que no tienen porqué estar necesariamente unidos a la popular Semana Santa.
Menuda parrafada. Perdona, pero es un tema que para responder debidamente requiere una explicación extensa.
Un placer "dialogar" contigo.
Hasta pronto.

Mar ha dit...

Puea a mí me encantan las procesiones y sus saetas.

Cada cual vive su propia religión a su manera, no creo en la iglesia, pero los costaleros son gente de la calle, gente de apie y solo esperan el dia de poder sacar a su santo cargado en sus espaldas a modo de penitencia o devoción.

Hoy he visto una procesión y es impresionante los malavarismos de los costaleros.

Besitossssss

Ramon.Eastriver ha dit...

Antonio, estoy totalmente de acuerdo contigo. Y otra cosa: tu visión sobre tu tierra me resultará muy interesante, estoy esperando leerla. Digamos que yo comparto mi vida con alguien del sur y estoy acostumbrado a esa visión diferente. Sobran prejuicios y faltan ganas de ver las cosas de forma diferente. Menos mal que existe gente como tú. Andalucía es una realidad tan intensa por diferentes motivos que es normal que haya sido mal entendida en ocasiones: intensa y bellísima. Conviene que también nosotros, los de fuera, nos libremos de los prejuicios que no saben de naciones ni comunidades autónomas: libres de prejuicios para poder captar la esencia de tu tierra, más allá del tópico.

Tula, esa es una opción, verlo como un carnaval. Pero no logro desligarme de la parte religiosa que cae en lo castrante. Si pudiera me reía y todo. Pero les veo la dobles y entonces me mosqueo. Un abrazo.

Maria Jesús, lo pagano era vital y excesivo, pero sin esa cosa pacata y moral que yo le veo a una procesión. Me molesta lo pacato, la moralina, no la fiesta. Un abrazo.

Madison, un abrazo también a ti. Nos vemos (aunque seguramente no en una procesión, por lo que intuyo).

Anna, con respetarse es suficiente. En esta vida no es necesario estar de acuerdo en todo. Y que ocnste que a mí también me merecen respeto los costaleros, los de las procesiones... me merecen respeto aunque su opción no me guste. Un abrazo.

Mercedes, es tan completo tu comentario... tan completo y tan certero. Sí, para mí también es diferente fe y religión. La primera me gusta, me atrae, me la creo, la siento y la necesito. La segunda no. No soy ateo, soy creyente, pero seguramente en un sentido más general que tú y seguramente también sin grandes cuestionamientos, con más preguntas que respuestas. Pero de todas formas sigo diferenciando la fe personal, que me merece todos los respetos, de la fe que se introduce en la vida pública, que condiciona la vida y la sociedad, que censura, que grita, que levanta la voz, que me dice qué debo creer, pagar y comer. La fe pública es la religión, y eso está claro que no me interesa, porque es peligroso. Me parece incluso perverso. En cambio la fe personal, por favor, ahí respeto y nada más. Un gran abrazo.

NINA ha dit...

Uy, Ramón!
cómo comparto tus dichos! Toditos!
Es que me atrevo a ponerte este comment sólo porque pienso igual, porque en verdad yo no hablo ni de política ni de religión.
En ambos casos hay fanáticos y odio los fanatismos.
Me tildarán de gris o de poco jugada y me tiene sin cuidado.
Soy felíz así, y si veo una procesión, salgo corriendo para el otro lado.
De todas formas y por conservar los modales, te deseo unas felices Pascuas!!!

Baci

Ramon.Eastriver ha dit...

Mar y Nina, buenísimo que hayás dejado vuestros comentarios casi a la vez. Ejemplo de las dos posturas básicas que despierta el tema. Respetables ambas, claro, pero, aaaaayyyy (saeta), que yo como Nina salgo corriendo hacia el lado opuesto!!! Un abrazo con mucho sentido del humor.

m.eugènia creus-piqué ha dit...

Bon día Ramón, no puedo estar más de acuerdo contigo, es una exaltación de fanatismo lo que se vive en Andalucía, yo tambien me voy pitando ante tal espectáculo, te diré que el flamenco no me gusta nada, pero es que tampoco me gusta la sardana, no creas que es cuestión de país, los folklores no acaban de gustarme mucho, por lo demás pienos igual que tu.Un petonte.

Isabel Martínez ha dit...

Pues pocas veo, amigo Ramón, pero te aseguro que es como cuando voy a misa por algún evento celebrable (boda, bautizo, etc.). Pura liturgia que me deja con la boca abierta. Todas las liturgias, las formas, pueden ser en sí mismas un arte. Otra cosa bien distinta es poner el corazón en ellas. Ahí sí que no, de ninguna de las maneras.

Por otra parte, enlazando con el comentario de Mª Jesús, decirte que existen formas y formas. Si vieras alguna procesión de mi tierra, alucinarías con el sentido vital y alegre que las domina, con las risas esparcidas por toda la ciudad a su paso, con la fiesta de los caramelos y la ilusión brillando en los ojos de los niños. Pienso que todo depende de cómo se enfoque.

Un abrazo fortísimo, grande y enorme.

AROBOS ha dit...

Las procesiones son hoy día un espectáculo, un teatro en el que lo de menos, para la mayoría, es la religión. Hace unos días escuché decir a una persona amiga que la Semana Santa en su pueblo es una "industria" que genera actividad económica. Y así es efectivamente. No soy yo tampoco aficionado a procesiones, pero en alguna ocasión me gusta asomarme a ese espectáculo, en el que se encuentra mucha belleza por otra parte. Escuchar una saeta en el silencio de la noche, ante una Cristo o una Virgen primorosamente adornados, es un goce para los sentidos: hasta el del olfato que es acariciado por ese olor a incienso que algún monaguillo va esparciendo por el aire. Pero más allá de ese placer estético no hay nada; el fondo de esto es una leyenda bien adobada por aquellos a quienes les interesa mantener el tinglado en pie.

Jose Lorente ha dit...

Yo trato de quedarme en el plano estético de este tipo de manifestaciones. Dime si no cómo disfrutar de las cantatas de Bach o de la música religiosa en gneral, de la pintura sacra renacentista, de la escultura diocesana o de la arquitectura gótica catedralicia.

Lo dicho: disfrutemos en la contemplación sin atender a las motivaciones, que sospecho ya no soy hoy en día lo que fueron en origen.

Un abrazo fuerte.

Ramon.Eastriver ha dit...

Geni, yo también soy poco de folclorismos, como habrás adivinado! Nos van a llamar aristocráticos, debemos estar preparados, querida amiga... aunque nosotros sabemos que no lo somos. Un abrazo.

Isabel, la liturgia también me atrae, muchísimo además. Pero la liturgia clásica: el latín, el ceremonial. Me parece fascinante desde un punto de vista artístico o cultural. Pero la liturgia popular me interesa menos porque ahí veo todo el rato la gente que traga y los que imparten sabiduría que, en el fondo, lo único que pretenden es asegurar su silla. Y luego la ingenuidad de la gente me puede. Un gran abrazo.

Aro, curioso el punto de vista de la procesión como tinglado también económico. No lo veo mucho, o al menos no lo veo a gran escala. Pero lo que impera es el Papa de Roma, la moral pacata y todo eso. Eso es lo que está detrás, yo lo veo así. Un gran abrazo.

Jose, no veo comparable una procesión con una cantata del gigantesco Bach. Una cosa es posible sentirla en un plano únicamente estético; la otra lleva consustancial la moral, la censura y la derecha rancia. Se me hace muy difícil verlo de otra forma. Un gran abrazo, bloguero fundamental.

josep estruel ha dit...

Hola Ramon. Estoy totalmente de acuerdo contigo, solo añadir que si yo fuese creyente me avergonzaría de que aun existan los "PICAOS" los "EMPALAOS" y los que por cumplir una promesa se flagelan.

Una abraçada.

AROBOS ha dit...

El negocio lo hacen los que tejen los mantos, las ropas de los penitentes, los que hacen y venden velas, los hoteles que alojan a los que vienen a disfrutar del espectáculo, los bares y restaurantes que sirven comidas y bebidas al enorme gentío que acompaña a los pasos procesionales... todo un conglomerado de pequeñas actividades económicas que se nutren de estos acontecimientos. El pasado martes estuve en un pueblo cercano -Arcos de la Frontera- a ver una procesión. En el espacio que yo vi había entre tres y cuatro mil personas. Los bares estaban repletos. No había ni una sola plaza hotelera libre. Esa es la "industria" fomentada por los empresarios locales por una parte y por las hermandades y la curia por otra.

MAMÉ VALDÉS ha dit...

No me considero creyente pero reconozco que la Semana Santa no deja de ser arte en la calle, y el arte si que me gusta, es un museo andante, es un espectaculo visual, por sus calles y plaza, con sonidos, olores y visiones, a mi lo del sentir que cada uno piense lo que quiera, a pesar de no ser creyente cuando hice el Camino de Santiago no dejé de entrar en ninguna iglesia o catedral, porque me parece que forma parte de nuestra cultura queramos o no queramos. Pero de todas formas que cada uno opine lo que quiera. Un saludo.

Ramon.Eastriver ha dit...

Josep, estoy de acuerdo contigo. Los picos deben ser los que se pinchan y sangran, los empalaos no sé. Bueno, eso ya es otra historia, muchísimo más exagerdada y desde luego peor todavía. Pero todo va un poco emparejado.

OK, Arobos, el tema de hoteles, restaurantes... Sí, claro, todo es negocio hoy en día y eso puedo entenderlo. Me encantaría conocer Arcos y todos esos enclaves del sur; eso me gustaría mucho. Andalucía es tan grande y completa/compleja que resulta difícil asimilarla de una tacada. Mejor, así tienes maravillosa excusa para regresar. Un gran abrazo.

Mame, aunque no me gusten las procesiones desde luego me encantan las iglesias, la arquitectura es maravillosa. Cuando viajo, iglesia que veo iglesia en que me meto, porque desde luego durante siglos la arquitectura artística fue religiosa mayormente. Pero una cosa es que me gusten las iglesias, el arte religioso, las cantatas de Bach, y otra que me flipen los sermones de los curas. Para mí esa es la diferencia entre una cosa y otra. Un gran abrazo.

Felipe ha dit...

Coincido contigo en todo, de pe a pa.

Todo ello es un ritual 'folckorico'que ni la pretendida religiosidad brilla por su ausencia.

Teatro,puro teatro,que cantara La Lupe

TEATRO"

Camino a Gaia ha dit...

Comparto contigo la sensación de sentirme ET en las procesiones de Semana Santa.
Hay una explicación sociológica que se me ocurre. Durante mucho tiempo al pueblo andaluz no se le ha dado la posibilidad de expresarse al margen de la religión. Los toros o la parafernalia de Semana Santa, no creo que representen en modo alguno la cultura andaluza, sino mas bien el resultado de la amputación de dicha cultura. Se ha producido sin embargo, una penetración del "sentir andaluz" en los cánones impuestos, puesto que el analfabetismo real no ha permitido una mayor elaboración. El resultado puede ser histriónico y a veces patético. Pero embutido en el espectáculo hilarante y desmesurado, a veces conmueve e inquieta, el impulso gutural de un lobo a quién fueron extirpadas las cuerdas vocales y del que yacen en fosas comunes, los versos mas desgarrados.

Alfonso ha dit...

Hola, mira, yo soy cristiano de base, conozco muy bien la Semana Santa de Jerez, y te puedo asegurar que lo único que tiene que ver con la Iglesia, es que las figuras que salen en procesión, están en un templo. Y ya está. El resto es folclkore, fiesta, que hace que la gente se lo pase bien, es bonito por la calle, deja dinero, es una industria.
Y ya está. Por eso están los curas que trinan, nadie les hace caso.
Y esto funciona por sí solo, sin que ellos puedan hacer nada.
El lunes de resurrección te puedo asegurar que las iglesias de Jerez están de nuevo vacías hasta marzo del año que viene :)

Ms. Frutos ha dit...

Con todo el respeto a las personas que sienten las procesiones. Para mí estos espectáculos son un claro ejemplo de anacronismo, de enajenación y de negación como individuos. La simple contemplación de hombres fustigándose, caminando con las rodillas ensangrentadas o arrastrando cruces, así como esos ex-votos colgados en las ermitas o esas personas que se dedican a anunciar a los transeúntes el fin del mundo (hablo de Nueva York), me produce asfixia. ¡Qué espectáculos tan medievales! Y es que los seres humanos estamos llenos de contradicciones, de inseguridades y debilidades. Históricamente hemos sido incapaces de ser felices, de librarnos de las culpas, de satisfacer nuestros propios deseos y en definitiva de ser más vitales. Esperemos que estemos en el camino correcto y que algún día consigamos ser más humanos.
Un saludo Ramon

Pulgarcito soñador ha dit...

A mi me gustan como espectáculo artístico, tienen algo de gótico y aterrador, lo cual, obviamente, no es ningún descubrimiento. Un abrazo.

Ramon.Eastriver ha dit...

Felipe, seguramente es poco religioso pero seguramente también es enormemente conservador. No me imagino una moral liberada rodeada de procesiones. Lo veo como dos cosas completamente opuestas.

Camino, tu opinión es absolutamente ilustrativa. Antonio ha prometido un artículo en su blog sobre el carácter real de Andalucía, alejada de los tópicos. Me encantará ver que dice, porque seguramente estará muy acertado. Y le voy a pedir ahora mismo que lea tu comentario porque me parece también que estás en la misma línea y tu teoría me parece muy válida. Un abrazo.

Alfonso, en primer lugar bienvenido. Seguramente tienes razón en tus apreciaciones porque es algo que vives. Pero pienso que Andalucía debería librarse de un peso tan asfixiante de todo lo religioso. Antonio, el señor del primer comentario, tiene un blog de análisis político y social en que ha prometido, él que es andaluz, un análisis sobre el tema. Será una opinión muy pertinente. La mía es una opinión menos importante, porque es desde fuera. Un abrazo.

Ms.Frutos, qué interesante ver el tema desde NY. Imagino que habrá una enorme diferencia entre cómo lo enfoca el mundo latino y cómo lo enfoca el mundo anglosajón. Un abrazo.

Pulgarcito, sí que tienen algo aterrodor y gótico. Son materia barroquizante y por ello cualquier exceso está más o menos permitido. Saludos.

Cecilia Alameda Sol ha dit...

Cófrades emotivos que el resto del año le hacen la puñeta a todo el que pìllan por medio, de esos hay muchas historias. Señoras y señores que se muestran muy devotos en estas fechas y que no usan ninguna de las virtudes de su religión en su vida cotidina.
No, a mí no me conmueven esos que van en las procesiones con sus galas o sus capirotes, lo mismo que no me conmueven los curas que las preceden, los que tratan de dominar a los feligreses con sus dictados, que prefieren la ignorancia de sus oyentes porque así les convencen mejor con sus consignas, los que siempre creen que tienen razón y denostan a quienes no están en su línea.
No, no me conmueven las procesiones ni me gusta la conducta de la iglesia dominante.

Pero estas fechas son fiestas y eso sí me gusta.

María ha dit...

A mi me parece que la religión tiene demasiados prejuicios, sacrificios, prohibiciones, y también hipocresía, hay un poco de todo, y no estoy de acuerdo en algunas de sus ideas, pero a pesar de todo ello, me gusta ver las procesiones, aunque recuerdo que de niña recuerdo me daban miedo los capuchones, sólo se les veía los ojos y las miradas.

Disfruta de estos días, como más te gusten, Ramón, con o sin procesiones, cada uno lo vive a su manera.

Un beso.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI ha dit...

Estoy preocupado Ramon porque vuelvo a estar de acuerdo contigo (je, je)

Y lo dice un creyente.

Ese tipo de manifestaciones son propias de sociedades sometidas que arrastran todavía el yugo finisecular de una religión que siempre se ha hecho presente rayando lo criminal. Todavía se puede ver a Franco bajo palio en algun documental, en la época dorada de la Semana Santa a la española, a la española de verdad. Recuerdo cuando era chico que las calles se cubrían de negro, los bares se cerraban, y en casa había que hablar en voz muy bajita: La televisión estaba cubierta con una tela negra y en la radio se emitían marchas militares.
Pues más de 30 añós después de la muerte del dictador y del final de la santa cruzada, los concejales socialistas y de IU salen a la calle a presidir el paso con la medalla de cofrades. Y quien me diga que es un tradición popular que va más allá del hecho religioso es que se engaña. Es iglesia barroca, inquisitorial, que huele a incienso podrido, que se viste con sus galas más tétricas y que se hace acompañar, además, por toda la parafernalia militar. ¡¡Y todavía se subvencionan con mis impuestos!!

Es la constación, año tras año, de que la iglesia pinta mucho, mucho, en la sociedad. Y no hay más que ver lo que ha recaudado en el IRPF (record histórico), o las cuotas que pagan los cofrades, o el coste del angalanamiento de cualquier yeso esférico con mirada pintada de dolor, que se aguanta con un palo y al que se le cubre con un mantón tejido en fino hilo de oro. De verdad, ningún respeto: ¡Puajh!

¡Salud!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI ha dit...

Cuando dije finisecular se me coló el "fini". Cosas de las torrijas, el incienso y del vino dulce...
¡Salud!

Caruano ha dit...

Las mejores fotos "paganas" que he visto en los últimos años, pertenecen a procesiones de distintos puntos de la geografía. Mi "ligera" agorafobia me impide asistir a eventos multitudinarios (desde que una "mascletá" me dejó medio sordo, como un Goya sin talento) y, desgraciadamente, mi falta de fe, incredulidad, falta de visión en el más allá, y en el más acá... Pues eso, que me lío.
Sobre los que se pinchan y se dan sangrientos zurriagazos, pobrecicos, me imagino que son algo reprimidos y no se atreven a ir a Las Cuevas del Sado a que los atienda como es debido una Maîtresse, con sus buenos tacones de punta y su látigo de siete púas (ojo,lo sé de oídas; a mí, como mucho, unos mordisquitos en la oreja).
Dicho esto, siempre he respetado (como tú) las tradiciones "inocuas", a las que no te obligan a asistir, y de las que vive mucha gente por el comercio que generan. Pero me gusta oír distintas opiniones sobre el tema. Por eso estoy aquí.
Un abrazo.

felicitaslaura ha dit...

Cuanto tiempo Ramon, os echo de menos, hoy tengo un rato para poner al día los blog de los amigos y el mío propio.

Estoy a tope de trabajo, y cuando llego a casa necesito descansar, así que hago caso a mi cuerpo y le doy lo que necesita .

Yo no soy de mucho folklore- soy de Zamora-, entiendo que el arte en todas sus expresiones es fantástico , también en la imaginería.
La religión la vivo como compromiso personal, es algo íntimo y no necesito relicario, por lo demás admiro- ya digo - el arte sea sagrado o profano, lo bello es siempre bello.
Si tienes vacaciones, disfruta tu que puedes, besos y abrazos.