dimarts, 16 de febrer de 2010

EL ESPEJO

No me gusta fregar los platos. Pero lo que más odio es planchar porque exige una cierta técnica. Tender es seguramente más agradable porque es más rápido. En cualquiera de estas tres actividades aprovecho para hacer lo mismo que hago cuando viajo en tren y no leo. Pensar, ensimismarme. Raramente pongo la radio: sólo cuando deseo informarme. Nunca me pongo los auriculares para la música: la música requiere mi atención, nunca es para mí medio de evasión. Nunca juego tampoco con el móvil. Pienso y punto.

Sé que juego en casa. Que quien lea esto es, a priori, alguien que disfruta leyendo y/o escribiendo. Por tanto es fácil presuponerle una cierta tendencia al mundo interior, a la subjetividad. Es por ello que me atrevo a confesar lo que sigue sin el miedo a que se me tache de engreído.

Yendo en metro el otro día observé eso que sabemos todos: la gente, para no pensar, se entretiene con el móvil, ese juguete. Otros se encasquetan los auriculares y disfrutan de agradables baladas extraordinarias (cómo me gusta el merengue, cómo me gusta el reaggeton... eso y Rossini, lo que más, ejem). Algunos hablan por teléfono a lo loco; ella me dijo, yo le dije, ella me respondió... Horror vacui, pensé, o acaso alguien me dijo. Horror vacui, terror a reconocernos solos, que es como realmente estamos todo el rato. Solos, solos y solos.

El pensamiento, silencioso y sin embargo con un volumen descomunal, puede enfrentarte a aspectos desagradables y a veces duros. Ingratos. Molestos. Puede enfrentarte incluso a aristas. A las tuyas propias. Me gusta el silencio, lo necesito. Pero comprendo que pueda resultar incómodo. Naturalmente es mucho más fácil el ella me dijo, yo le dije, ella me respondió... porque en ese juego siempre es ella (o él, o cómo se llame el otro) quien tiene la culpa. Enfrentarte a ti mismo es enfrentarte a aquello que menos te gusta. A tus propias culpas. Asomarte a tu propio mar y darte cuenta de que está muy sucio. O un poco sucio al menos. Ensimismarte es también divertirte a ratos recordando, emocionarte, fantasear, anticipar. Pero en medio de la evasión siempre puede aparecer un espejo ocupando el camino. Evadirse sin música, sin radio, sin móvil, sin charla, es siempre peligroso.
Hoy he comenzado a fregar los platos sin ganas, como siempre. Cómo lo odio. Pero cómo me ha aprovechado. Cuando me pongo a pensar sin voluntad de evasión voy buscando ese espejo que me refleja. Es como hacer un análisis de conciencia. Porque veamos, tampoco voy a desnudarme del todo, que bastante tengo con reconocer mis aristas como para pregonarlas luego. Sólo unas pistas: qué poco me gusto cuando me pongo facho, que me pongo a veces. O cuando me pongo impaciente. O cuando asoma la mala uva. O cuando miro por encima del hombro. O cuando transformo el stress cotidiano en rabia. Entonces, mientras le doy con furia a la maldita cazuela con el scotch brite supongo que en cierta forma me estoy fregando a mí mismo y es por eso que pienso que me aprovecha.

Puede parecer que estoy diciendo que soy estupendo y con una tendencia a la instrospección que me hace especial. No era esto lo que quería comunicar. Era justo lo contrario. Que aunque en el blog a veces vaya de profundo y honesto cuando me miro en el espejo no todo me gusta. Era eso.

43 comentaris:

soniabaste ha dit...

M'ha agradat molt aquesta entrada, perque converteixes el blog en el mirall i a nosaltres en observadors del que reflexa el mirall. Jo també m'analitzo i no sé si en surto millor persona pero al menys ho intento.

Belen ha dit...

A veces ser muy honesto puede ser agotador y para el rédito que se saca y como está la sociedad, que sobrevives sólo dando estocadas a diestro y siniestro, a veces pienso que no merece la pena y que sin plantearse nada se vive mejor y más tranquilo.

Pulgarcito soñador ha dit...

Me gustó. A mi por ejemplo, me da mucho por escuchar música, para no soportar los ruidos de la gente. Voy a correr llevo mi música.
Pero tengo una extraordinaria capacidad para fugarme con mi pensamiento. Tanto que nunca sé lo que estoy haciendo. Me olvido de que estoy corriendo, me olvido que tenía que ir a comprar cebollas, me olvido que voy yendo por el centro de la ciudad. Porque el pensamiento me hace volar. Me chupa.
Eso sí, cuando me miro al espejo, empiezo a sentir que las cosas no son tan perfectas. Un abrazo.

Mercedes ha dit...

También yo aprovecho las labores más cotidianas para reflexionar. Tampoco me gusta distraerme con la radio o ruidos similares en esos momentos, porque son ideales para mirar hacia adentro. Y, es verdad, veo de todo un poco, casi revuelto, hasta que voy ordenando y filtrando, mientras ordeno el armario como si fuera mi alma. Me voy ensimismando hasta el punto de ver algo más claro: por un lado lo que me gusta de mí, ni tocarlo, suele ser poco; y por otro lo que odio. Una vez separada la suciedad, como si la hubiese barrido con un escobón, llega el propósito de la enmienda, igual que cuando ordeno el armario, siempre pienso: "no voy a permitir nunca más revolver la ropa e esta guisa por mucha prisa que tenga, que luego no encuentro nada. Procuraré mantenerlo así, por mi bien y el de todos". ¡Ja! Al final tengo que arreglarlo cada pocos meses. Me pregunto ¿cómo estarán los aramrios de los que nunca los ordenan? Por cierto, ya me está haciendo falta meterles mano, no hay quien encuentre nada.
Muy buen post.
Un abrazo.

Culturajos ha dit...

Grande Ramón: fregar los platos, pensar, miedo a lo no instintivo, al vacío, reconocernos en nuestras sombras; todo esto nos separa de los animales. Por cierto, ¡qué lleno va el metro de homínidos algunos días!

Salud quisque

Jose Lorente ha dit...

Ese ejercicio de introspección es positivo y necesario de vez en cuando.

Tampoco te iría del todo mal un lavavajillas.

Un abrazo.

AROBOS ha dit...

Te he leído y me ha gustado lo que cuentas. Además, en determinados aspectos de tu conducta me veo reflejado. Yo me abstraigo en mis pensamientos hasta cuando estoy en medio de una conversación con otros, si la conversación no me entusiasma. A veces puede resultar poco educado, pero no lo puedo remediar. En fin... creo que los que tenemos esta afición de escribir y comunicar hemos de parecernos en otras muchas cosas, y compruebo leyéndote que, efectivamente, así es.

vivaduracel ha dit...

Es necesaria la introspección y ser críticos con nosotros mismos pero la gente no acostumbra. Le molesta el ruido que hace el alma cuando piensa y por eso se enchufa de todo para acallar la conciencia. Lo escondemos todo en esta vida, todo lo que de verdad importa. Escondemos la muerte, escondemos la conciencia. Y en cambio, lo menos importante lo exhibimos alegremente: el mal rollo, los gritos, la pornografía sentimental, la pornografía física. Somos débiles, yo creo que es por eso.

mariajesusparadela ha dit...

Ponte frente a mi: yo soy tu espejo. Yo también me enmimismo con frecuencia. Yo también necesito el silencio. Sufro lo mismo que tu sufres cuando te entimismas. Me siento tan radical, a veces, como tu te sientes, tan estúpida, tan engreída, tan superficial y tan profunda.
Tan como tu. Tan como todos los seres humanos...
(Quítale hierro)

Ramon.Eastriver ha dit...

Sonia, està bé aquesta manera de veure-ho: el bloc com a mirall. Sento que una mica és així, tant per allò bo com pel menys bo. Petons.

Belen, afortunadamente no todo el mundo es igual: sería muy aburrido. Respeto tu forma de verlo pero no hay forma de poder seguirte, mi naturaleza me lleva a comerme el tarro, aunque es cierto que en ocasiones me pregunta para qué. Pero bueno, lo de vivir más tranquilo es relativo. Yo vivo más tranquilo cuanto más en paz me siento. Abrazos.

Darío Pulgarcito, me ocurre lo mismo, me gobierna el cerebro y me olvido de cosas que no debiera, o a veces me hablan y no escucho sin darme cuenta. O sea que interiorizo para ser mejor y luego debo volver a interiorizar para modificar aquello en lo que me equivoqué por el simple hecho de haber interiorizado. Qué complicados somos pero qué felices cuando nos encontramos. Un gran abrazo.

Mercedes, me ocurre exactamente igual. La metáfora del armario es perfecta: el armario es el lugar del "arma". Ordenarlo es fundamental. Me identifico totalmente con lo que dices. Incluso con ese final tan prosaico y tan real: tengo el armario que se cae de desordenado, pero no se lo digas a nadie, que luego me dicen que me paso la vida ordenando los armarios metafóricos y los reales ahí se caigan de puro caos, jeje. Un abrazo enorme, grande como un armario.

Ramon.Eastriver ha dit...

Quisque, me muero de risa con esa capacidad tan tuya de mezclar lo elevado con el vagón de metro que, efectivamente es un atarragamiento desproporcionado a veces. Aunque hace frío piensa en la enorme suerte de que al menos los homínidos del metro no huelen, que en verano, con los sudores, aunque el acondicionado está a tope, es otro cantar. Un gran abrazo.

Jose, sí que es necesario interiorizar. Lo mismo que un lavavajillas. Si lo tuviera tendría tiempo para ordenador el armario físico que le decía a Mercedes más arriba y mientras lo hiciera aprovechar para ir ordenando el otro armario, el metafórico. Sería lo más. Un gran abrazo.

Arobos, querido amigo, a mí también me ocurre lo de ensimismarme en las conversaciones, que me parece el colmo de lo maleducado, pero no puedo evitarlo. Sí, somos almas muy semejantes los usuarios de los blogs, me parece. Me gusta que sea así.

Rafel de Vivaduracel, me ha gustado esa idea de que escondemos todo lo que de verdad importa: la muerte, la conciencia... seguro que íbamos a encontrar más cosas. El pensamiento no significa que vayamos a hacerlas más omnipresentes, ni que nos vayan a entorpecer; sencillamente con el pensamiento podemos tenerlas presentes, ser mejores a partir de ellas. Una gran abraçada.

María Jesús, lo mejor es ese Quítale hierro. Es verdad, a todo, a lo bueno y a lo malo. Pero está bien reconocernos en ello, darnos cuenta, ser sintientes y conscientes. Aunque luego le quitemos hierro. Un gran abrazo, sabia amiga.

Laura ha dit...

Primero, me ha gustado mucho verte, soy una mirona, bruja muy bruja ( a veces pienso que soy demasiado directa con la mirada).
Después te he leido: lo de fregar los cacharros a mi me encanta, en general, el agua en mis manos me gusta mucho, tambien lavar la ropa delicada a mano me gusta; pero lo de planchar, ahí le hemos dao, lo ODIO, para eso me pongo música , salsa, merengue, pop y bailo mientras plancho( no podría soportarlo de otra forma)
Cuando termino algo que no me gusta, lo compenso con algo que me gusta mucho- así estoy yo de pasada de quilos-; no ahora en serio, salgo a pasear con los perros y me quedo observando, ensimismada con la natura.

Como hace tiempo aprendí que no soy diferente de nada que me rodea, cuando me miro y me veo en el espejo, veo un ser humano que participa de todo, y cuando digo todo, es todo, tanto de lo adecuado como de lo que no lo es.
No soy diferente de ese arbol que ves lleno de flores hoy, en mi casa, hace un mes estaba vacío ¿porqué yo tengo que ser diferente?.
Formo parte de esta naturaleza y actúo igual que ella;cuando un animal tiene dolor y actúa con rabia ¿porqué yo tengo que ser diferente?, tambien enseño los dientes al que se atreva a hacer daño( cuando eres, pequeño e inocente esto no lo sabes, incluso decimos -no respondas con agresión-

Nos olvidamos, querido Ramón que somos animales racionales, y no toleramos nuestro comportamiento animal, sin embargo es necesario aceptar el animal que llevamos dentro y darle gracias, muchas gracias porque muchas veces nos defiende de los depredadores.
Y claro despues ya viene el reconocimiento de que somos racionales, incluso algunos creemos que tambien espirituales pero¡ Dios qué sería de nosotros sin nuestro animal que llevamos dentro!

Puf... disculpa, el espejo se me ha dilatado. Besos mil

Thornton ha dit...

No seas tan duro con lo que ves en el espejo, de lo contrario tendrás que mirarte menos.
Imagino que hay estaciones más prestigiadas que otras para la meditación y que el invierno se llevará la palma. De todas formas esas aristas que nos cuentas no cortan mucho, creo que eres una buena persona y que lo sabes. Un abrazo.
P.D. Nos hemos quitado la careta, tú y yo, mejor así. Otro abrazo. Manrique.

Mercedes Thepinkant ha dit...

No caigas en la tentación. Ni lavavajillas ni secadora de ropa. Por mucho que digan, no son mejores que hacerlo a mano o tender. Ni ahorran agua ni nada, encima consumen energía y estropean la ropa. Y lo de tener tiempo para hacer otras cosas... si analizásemos sinceramente en todo lo que perdemos nuestro tiempo...
Además fregar los platos es un estupendo ejercicio de meditación y de atención plena. Prueba a "sentir" cada gesto que haces, el agua, la espuma el relieve de la loza; concéntrate en cada movimiento que haces e integralo en tu mente. Te "limpia" por dentro, te lo puedo asegurar. Fregar los platos con atención plena es como bañar a un buda bebé.
Un abrazo

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI ha dit...

Yo me quedo en blanco, con los platos, y con la plancha. Barriendo no, barriendo pienso en que puedo hacer lo mismo en otros sitios si tuviese el poder para hacerlo. Cuando de verdad pienso es cuando menos quiero hacerlo, en los momentos más inoportunos, cuando menos lo aprovecho, porque sería muy fácil dejar de fregar y ¡zas! a por la idea, no pasaría nada, por un par de platos atrasados, pero no, es cuando conduzco, cuando trabajo y no puedo dejar de trabajar, cuando charlo con amigos, y no les puedes dejar plantados (por eso me dicen a veces. ¡Oye tío, estás en babia o qué te pasa!); cuando duermo, porque soñar es una manera de pensar, y eso me da mucha rabia porque ahí si que hay chicha, pero me despierto y no me acuerdo de nada. Entonces, cuando de verdad me pongo a pensar, nada de nada chico, que no.

¡Salud Ramon!
Por cierto, en verdad tienes aires de profe de lite ;)

Maia ha dit...

Por eso yo me compre un lavavajillas. Así no tengo que andar pensando en mí misma tan seguido. Lo bueno de lavar los platos y hacer introspeccion es el ahorro en el terapeuta que nos diga lo que nosotros ya sabemos. Los dias que me pongo tensa se me da por ordenar placares y cajones. Cada loco con su historia que de cerca nadie es normal.

Ramon.Eastriver ha dit...

Laura, cómo me ha gustado leerte. Cómo me gusta siempre, pero ahora especialmente. Porque por un lado odiamos planchar (tendré que probar lo de la música, a ver qué tal). Por el otro porque me siento igual que tú, naturaleza, que es lo que somos. Y finalmente porque somos también animales: eso honestamente te diré que es lo que menos me gusta, porque es la parte primaria, seguramente la que peor tolero, pero está bien no perderlo de vista nunca. Un abrazo.

Thornton, no soy duro mirándome, trato de ser realista, y eso me va bien. Pero también tengo manga ancha y me justifico un montón, que sé que somos débiles. Un gran abrazo, Manrique, cómo me gusta ese apellido, por tantas connotaciones.

Mercedes, definitivametne cómo me has atrapado con la metáfora: fregar los platos es como lavar a un buda chiquito. Tiene tanto sentido: es la enseñanza budista de hacer lo que sea con la máxima atención y el máximo cariño. Gran lección y hermosa metáfora. Destierro definitivamente el lavavajillas, palabra. Gran comentario.

Mariano José, afortunadamente en mi caso puedo controlar mis huidas mentales: las reservo para las tareas manuales, aunque como ya he dicho en ocasiones cuando hablo con alguien, ay, ahí se me va la cabeza y me refugio en mi mundo. Lo de no recordar los sueños a todos nos pasa un poco: eso es porque no los asumimos, y también porque no queremos escucharnos/mirarnos a fondo. Esos bloqueos nos pueden. Un gran abrazo.

Maia, en primer lugar bienvenida... En segundo lugar como has visto la idea del lavavajillas ha quedado rechazado de plano (también influye la falta de espacio en mi cocina, pero no lo digas a nadie). De todas formas lo que te ocurre a ti es lo mismo que me ocurre a mí: en diferente circunstancia pero es un poco lo mismo. Un gran abrazo.

Carlos ha dit...

Piensa que tus movimientos de brazo en la cazuela vienen a ser un tai-chi casero.
Todos debemos tener ese pequeño tiempo de respiro al día, es necesario y vital. Te entiendo perfectamente y además los urbanitas sabemos de lo necesario del silencio para sobrevivir.
Me alegra haberte visto por el espejo (y a Thornton también).

fritus ha dit...

Muy identificado me siento con esta entrada...pero he de confesar que no soy tan valiente como tú, Ramón.
Voy a tender al terrado y aprovecho para fumarme un cigarrito, prohibido en casa, con niña pequeña que no se merece aire contaminado...y aprovecho también para mirar a Sa Cunillera, a ver si sigue ahí...y siempre es un pensar ajeno, recordar, o imaginar historias, pero nunca algo introspectivo ni intímo, en eso no pienso mucho...miro y fumo.

Plancho, y aprovecho para ponerme videos de concertos que tengo bajaos de internet y cantar desafinao mientras plancho...y no pienso mucho ( de hecho confieso que a veces plancho con gintonic al lado...a las penas, puñaladas)

Desde hace año y medio tenemos lavavajillas,...ya sé que no es muy ecológico ni sostenible ni nada de eso, pero macho, es una bendición...

Creo que el tema es que no pienso demasiado. Quizás tengo tantos esqueletos acumulados en mi armario que habría que entrar con excavadora, y siempre lo dejo para mañana...Eso sí...jamás mp3 orejero...prefiero leer algo, que cada vez leo menos,...en mis tiempos de Barcelona, cuando no iba al curro conduciendo y era usuario del metro, suponía leer dos horas diarias...son muchos libros. ...Leer narrativa de alguna manera es un pensar sugerido, pero siempre son vidas de otros...

Un abrazo muy grande y felicidades por este estupendo post. Da que pensar.

Isabel Martínez ha dit...

¡Qué sorpresa más agradable! (Me refiero a tu cara. Bravo por darla, amigo Ramón).

¡Ay, los espejos, esos espejos que surgen en los momentos más insospechados! Hacer las faenas caseras es un incordio necesario que, en ocasiones, nos precipita a la reflexión inclemente con respecto a nosotros mismos. Somos nuestros más duros críticos, nuestros jueces más despiadados. Nos exigimos mucho, lo cual es loable. Lo que no es tan loable es que nos flagelemos en exceso, más que a cualquiera de nuestros semejantes. Si con ellos somos transigentes, hemos de darnos manga ancha a nosotros mismos. No demasiada, pero algo.

¿Quién se gusta a sí mismo del todo? Tal vez quien no conoce el silencio interior y se pierde en los mil y un estimulos que la vida ofrece para huír (teléfono móvil y otros mil subterfurgios). Me temo que quienes andamos por aquí no somos de ésos.

Te entendí, te entendí demasiado y no te malinterpreté. ¿Cómo podría? ¿No notaste que soy otra rumiante?

Me quedo con una frase tuya, tan plástica y tan verdadera: "El pensamiento, silencioso y sin embargo con un volumen descomunal".

Besazos, querido amigo.

Ciberculturalia ha dit...

Yo empiezo por felicitarte por esta estupenda entrada en la que muchos de nosotros nos reflejamos. Está muy bien "ensimismarse" y encontrer el espejo en el que reflejarse. No siempre pero si a veces. A ti te ocurre cuando estás fregando. Bien. Es una posiblidad para dejar al pensamiento que divague a su antojo.
Un beso

tatiana ha dit...

Hola¡
Permiteme presentarme soy tatiana administradora de un directorio de blogs y webs, visité tu página y está genial, me encantaría contar con tu blog en mi sitio web y así mis visitas puedan visitarlo tambien.
Si estas de acuerdo no dudes en escribirme
tajuancha@gmail.com
Exitos con tu página.
Un beso
tatiana.

zel ha dit...

Vaja, a mi tampoc m'agrada qan em miro i em penso, Ramon,tranquil....

Mar ha dit...

Es muy bueno sincerarse con uno mismo y buscar en ese silencio lo que no nos gusta, creo que es la única forma que tenemos de poder cambiar y crearnos a nosotros mismos.

Me encanta el silencio, lo disfruto mucho y me ha gustado mucho tu reflexión sobre ti mismo.

Besitossss

josep estruel ha dit...

Hola Ramon. Esto de los espejos normalmente no pasa como la escena de Groucho Marx. Aquí uno se pone delante de un espejo y ve reflejado a medio mundo haciendo lo mismo. Groucho lo hacia al reves. !Mira por donde¡
Fregar platos a mi hasta me encanta, como no tengo que concentrarme en ello puedo pensar en cosas mas importantes, que por supuesto no es planchar !que esto si es una estupidez¡...estupidez por parte de los fabricantes, que no inventar un tipo de ropa que no haya que planchar.
Lo del metro esto ya es la "pera".
Me gusta ir en metro de buena mañana. Es una hora triste. Dormir, leer, mirar hacia todos los lugares menos a nadie...

En el metro si que se reflexiona. Es como una biblioteca pero con humanos que tocan el movil sin saber muy bien porqué.

Una abraçada.

El alegre "opinador" ha dit...

No te enfades mucho fregando, que vas a rayar la cazuela. Je, je, je.
Ahora en serio. Creo que buscar los "espejos" y ser capaz de ver lo que nos gusta y lo que no, nos hace ciertamente humanos. De hecho, somos, junto con algunos primates superiores y algunos delfines, los únicos animales capaces de reconocerse en un espejo. Por algo será.
Un saludo.

Dilaida ha dit...

Así también me siento yo, aunque, por supuesto, con ligeros matices. Yo también odio planchar, no me gusta cocinar y uno de mis mayores placeres es tirarme en una tumbona en medio del campo y escuchar los sonidos de la naturaleza.
Cuando me miro al espejo veo cosas que me gustan poco y otras que no me gustan nada. Según tengo entendido eso le pasa a "casi" todo el mundo.

María ha dit...

Es curioso, pero muchos de nosotros nos vemos reflejados en éste espejo.

No me gusta ser ama de casa, prefiero el trabajo remunerado fuera del hogar, porque éste trabajo no tiene fin ni vacaciones, se trabaja las 24 horas del día.

En cuanto a lo que comentas de cuando se va en metro, es curioso, pero me gusta observar a las personas, muchas van leyendo, otras observando como yo, y otras mirando su rostro en el cristal, y los pensamientos fluyen y fluyen, y nadie se conoce, es curioso de verdad, ver tanta gente unida sin conocerse de nada.

Con tu permiso, dejo tu blog enlazado en mi lista, para seguirte.

Saludos.

MAMÉ VALDÉS ha dit...

Te devuelvo la visita desde "Tomara que tu viera", prometo visitarte más a menudo, un saludo.

Anònim ha dit...

Pues yo no me veo en el espejo. Por ejemplo, abro el grifo del agua caliente, cojo con una mano un plato redondo y blanco, con la otra el estropajo. Empiezo a frotar y entonces pienso que soy un plato redondo y blanco bajo un chorro de agua caliente. No siento ninguna envidia hacia esos jóvenes platos cuadrados que he visto últimamente en la mesa. Pero, casi al instante, ya no siento ganas de seguir pensando en mí mismo como portador de una larga tradición de platos redondos, así que, ese extraño que friega, no lleva ni unos segundos haciendolo cuando ya está pensando que es un plato redondo y blanco que a su vez piensa que es chorro de agua caliente que burbujeante (cosa del difusor del grifo) se mueve rápido por el fregadero, da unas vueltas en torno al sumidero y corre por las cañerías hasta el oscuro pozo ciego de la casa, y allí, cargando con un buen montón de mierda y cosas incomprensibles, viaja tranquilo por cañerías cada vez más grandes hasta el mar infinito, donde termina su viaje.

Ramon.Eastriver ha dit...

Carlos, me re reído mucho con el tai-chi doméstico. Algo de eso hay. Y luego esa casualidad, de poner el careto justo cuando hablo de espejos. En fin, no creo en las casualidades, así que...

Fritus, entiendo lo que dices de mirar a lo lejos. Yo también lo hago. Es algo enormemente zen: mirar un paisaje y vaciar la mente. Es absolutamente aconsejable. Si además eso es posible hacerlo fumando ya es la leche, pero ese es otro tema dolorosísimo para mí, ex fumador empedernido como soy. Te envidio el tabaco y la peque. Lo de planchar con el gintonic al lado ya es toda otra cosa. Un personaje eres, está claro. Un abrazo.

Isabel, por fin los duendes del internet te repararon la máquina... Lo de la cara no es tanto dar la cara, que procuro darla siempre, sino mis miedos a que de repente me encuentre por aquí algún alumno; y esto del blog es algo muy mío, de mi vida fuera del trabajo, y no quería mezclar, y menos con adolescentes. Por otro lado, estoy totalmente de acuerdo con darnos manga ancha, es necesario para poder respirar. No solo tengo manga ancha conmigo mismo sino que soy benévolo cuando juzgo a los otros y cuando me juzgo a mí mismo. Es necesario ser benévolo porque si no tampoco se entiende nada al final, pervive solo la mala uva y eso tampoco es el camino. Como en todo, justo medio. Ya lo sabían los papás ilustrados del XVIII. Un gran abrazo.

Ramon.Eastriver ha dit...

Carmen, reflejarse en esta entrada como reflejarse en el espejo... Cuando hablamos de espejos, fíjate lo que son las cosas, terminamos convirtiendo el texto sobre el espejo en otro espejo paralelo que te refleja y que de paso refleja también al espejo que nos refleja. Un abrazo.

Tatiana, no puedo decirte porque lo único que he visto visitando tu página de perfil es un portal de fútbol Infórmame más, si quieres. Tienes mi mail en la cabecera de mi blog. Un saludo.

Zel, em comforma pensar que no sóc l'únic. De moment està bé mirar-se i fer per manera de ser millor, no creus? Petons.

Mar, propongo hacer un día una reunión de silencio, estaría bien y además sería original. Aunque ahora que lo pienso a eso lo llaman meditar, ¿no es cierto? Bueno, pues quedamos para meditar un día, todos los amantes del silencio. Un gran abrazo.

Ramon.Eastriver ha dit...

Josep, tienes razón en todo, lo suscribo. Yo soy de metro diario y matinal, y tardío, a todas horas. Bien, metro no, cercanías Renfe, que es mucho peor, puesto que trabajo fuera de Barcelona. Pero describes muy bien eso de estar ahí, mirando sin mirar, entretenidos con el móvil... Un abrazo.

Opinador, qué oportuno razonamiento que yo no sabía: somos de las poquísimas especies que nos reconocemos en los espejos... Está bien, pues, mirarnos en los espejos del alma, no solamente en los físicos. Un gran abrazo y gracias por el apunte.

Dilaida, la contemplación de la naturaleza es algo especial, es zen, como le decía a Fritus un poco más arriba. Ahí sí que se aprende: contemplando, sintiendo... De hecho pienso que es la mejor manera de aprender. Un gran abrazo, querida amiga, que nos llega ya la semana de...

María, junto con Josep trazáis una justa descripción del metrista urbano: me siento totalmente identificado con esa descripción. Y finalmente ese apunte: tanta gente conectada sin conocerse de nada. Da para un cuento o para un poema. Un abrazo y bienvenida siempre.

Mamé, es que lo de Tomara que tu viera me ha desconcertado tanto... sigo sin entenderlo, pero ya deduces que no me rindo. Un abrazo.

Anónimo, ni sé quién eres ni lo sospecho. Es una injusticia, puesto que me gustaría poder felicitarte por el texto llamándote por el nombre. Un abrazo y ven cuando quieras, ni que sea para traernos un microrrelato como el que nos regalas. Un gran abrazo.

emeygriega ha dit...

El otro día hablaba de éso con un amigo, de la obligación de rellenar el silencio, incluso en la pareja, como si estar en silencio significara que se está mal.
Todos necesitamos nuestra cuota de silencio y...tambien de confesión (no en sentido religioso). Por éso tenemos un blog.
Un beso.

Is@Hz ha dit...

Lo que yo hago para soportar el tedio que me producen algunas tareas domésticas es justamente escuchar programas como éste:
http://www.catradio.cat/reproductor/audio.htm?ID=403920
Habla sobre el arte de estar solos. (Lástima para algunos que es en catalán, pero creo que se comprende bastante bien). En el fondo algo contradictorio...Un saludo y gracias por una entrada tan valiente e interesante, que nos ha hecho reflexionar.

Caruano ha dit...

Pues yo te veo y te leo muy bien: en tres dimensiones. Estupendo.

Isabel Romana ha dit...

Hay una tendencia bastante fuerte a huir de sí mismo. También a mí me llama la atención esa aparente incapacidad de estar uno solo consigo mismo y, por tanto, ese recurso al móvil y a tantas otras formas de evasión. Quizá es que no nos gusta lo que vemos y lo que somos. Es duro enfrentarse a aquello de nosotros que no nos gusta, a lo que nos da miedo, nos genera inquietud o preferimos aplazar. Así que hay que hacer un continuo esfuerzo para mirarse al espejo o, como haces tú, lavar los platos en silencio. Saludos cordiales.

Susana ha dit...

Ramon, qué necesario a veces fregarse. Fregarse incluso aunque no se detecte a cienta cierta la suciedad. Fregar el fregadero. Fregar incluso el scoth britte, el mistol y el agua. Fregar la falta de ganas de callar, reposar los ritmos y recogerse ante una olla grasienta.

Sé lo que no pretendías decir que eras. Se te nota tanto... Pero sé -gracias a los dioses del Ajax- que eres mucho mucho más de lo que dices incluso cuando no quieres, y lo que me enseñas con ello.

Besos tras el regreso... Me queda faena de ponerme al día!!

Ramon.Eastriver ha dit...

Emey, el blog como espacio de confesión que pueda complementar la necesidad de secreto. Me gusta verlo así. Un abrazo.

Is@Hz, esto de L´art de saber estar sol no lo conocía. Ya desde la música inicial la cosa promete. No conocía este programa de L´art de saber estar sol, muy interesante y muy elaborado. Me quedo escuchándolo... Abrazo.

Caruano, es que estoy bien, en dos dimensiones y en todo, limpísimo además, que ya ves que me friego duro con el Scotch Brite. Abrazos.

Isabel Romana, es cierto que ese esfuerzo de lavar los platos, quiero decir, mirarme al espejo vale la pena. Me a gustado leerte, y mira que no te conocía. Buen descubrimiento.

Susana, lo de la olla grasienta me ha llegado al alma... es que están muy grasientas generalmente, y conviene fregar fuerte, y se hacen las tantas, y uno debe aprovechar el tiempo como puede, y al final acabas encontrando espejos mentales en cualquier esquina. Estoy seguro que todo esto, a la Princesa Letizia no le sucede, jeje. Un gran abrazo.

Ana Rodríguez Fischer ha dit...

¡Uy, Ramón!
Lo de fregar los platos ( o su equivalente: dejar la cocina recogida, puesto que hay lavaplatos) debe ser cosa genética. Sobre planchar, es cuestión de acostumbrarse y de olvidar los pliegues y según qué pantalones con bolsillos indomeñables como los ue usa mi hijo Adrián (siemprre con prisa, siempre austero/ligero). En cuanto a tender la ropa... Según cómo la tiendas, te ahorras mucho planchado. Hace dos años que me compré una secadora pero intento no usarla (¡qué bestia!) y me encanta subir al terrado y... ¡Aire libre!
Y pensamientos ¿libres?
Acaso....

emmagunst ha dit...

me encanta el silencio, no miro tv, solo enciendo la radio temprano, mientras tomo unos mates, pero eso dura unos 15 min. El silencio no me abruma, el barullo sí, mis amigos o vecinos me piden que ponga música, nmediatamente se sienten afectados por el silencio. Y lo de mirarme al espejo, cada vez lo hago menos, no me identifico con lo que me muestra, me quedé unos años atrás. No sé cuándo fue que mi piel perdió brillo!!! Saludos

Estonetes ha dit...

Me encanta tu reflexión, de verdad.
PD. también intento desconectar del trabajo, todavía cuesta, pero lo estoy consiguiendo. Un abrazo.

Aldabra ha dit...

me ha gustado leer tu reflexión y te entiendo porque a mí me gusta pensar... y a veces me gusta pensar a propósito, con premeditación y alevosía... me gusta hacerlo sobre todo cuando me voy a la cama, hacer un pequeño repaso del día.

biquiños,