dimecres, 13 de gener de 2010

LOS CURAS Y LA FICCIÓN

Tras las monjas me enviaron a los curas. Y tenía sólo cinco años. Ya hablé de la no existencia de escuelas públicas: el estado seguía prefiriendo que se pagasen mensualidades prohibitivas a los colegios religiosos. De esta manera se ayudaba a una Iglesia que continuaba estando del lado del Caudillo. Y la Iglesia nos daba lecciones a los que teníamos cinco años. Mientras que mi recuerdo de las monjas no es malo, seguramente porque era muy pequeño y no seguí con ellas la escolarización propiamente obligatoria, de los curas que llegaron luego sólo puedo decir pestes. Clasismo, machismo y patrioterismo fueron tres de los elementos que más nos inclulcaron. Sobre todo clasismo. Seguramente fue el que más noté porque no formaba yo parte de la élite y ellos te lo hacían notar. Mi rencor hacia ellos me acompañó durante mucho tiempo, así como mi rencor en general hacia la iglesia. Ahora ya me he curado de esos excesos: he sustituido el odio por la indiferencia olímpica. Mi recuerdo sigue siendo negativo pero he aprendido a respirar tranquilamente. Aunque me dan rabia sus trampas, sobre todo aplicadas a niños que no podían entonces darse cuenta de los motivos. De la caterva de curas, curazos, curillas y curetes que me envolvía sólo hay una figura que persiste simpática en mi memoria. Un cura sencillo y campechano, noble. El padre Valls. Su mayor lección indirecta: que en cualquier sitio es posible encontrar algo de bondad y generosidad.

Visto desde mi perspectiva actual de mi larga época con los curas saqué algo positivo. En las horas de comedor, mientras esperábamos turno, nos metían en una aula y ahí pasábamos las horas con infinidad de tebeos que me maravilla lo poco que se estropeaban (cuidadosos que éramos). En ese tiempo de espera me encontré por primera vez con la ficción. Me topé con ella. Sí, recuerdo esos poemas de clase, como el de "Doña Pitu-piturra tiene unos guantes, Doña Pitu-piturra muy elegantes. Doña Pitu-piturra tiene un sombrero, doña Pitu-piturra con un plumero. Doña Pitu-piturra tiene un zapato, doña Pitu-piturra que le va ancho" de Gloria Fuertes. Pero el primer encuentro con la ficción, que yo recuerdo apasionado, es de la época de los tebeos. Y aquellos personajes se convirtieron en amigos frente a la hostilidad general de los curas, los profesores y las señoritas coordinadoras, una especie de monjas laicas que nos tenían del todo aterrorizados (yo creo que eran numerarias del Opus Dei, o lo parecían por lo menos).

De entre todos los héroes que conocía entonces recuerdo con especial afecto a Zipi y Zape, los niños traviesos, que no gamberros, que vivían en un entorno que a mí me resultaba extraño. Fui niño del tardofranquismo: el mundo del guardia urbano agasajado por navidad o del sereno por fuerza tenía que resultarme extraño. Pero en otros aspectos me eran familiares las historietas: el colegio, la quiniela de los domingos, la bicicleta y el calor familiar, con una Doña Jaimita, ejemplo de la ama de casa tradicional que sin embargo tampoco podía identificar con mi propia madre. El padre, Don Pantuflo Zapatilla, elegante, severo y riguroso (en traje o en batín), era también un padre de otra época. Efectivamente, retrataba unos momentos anteriores a los que yo estaba viviendo. Aún y siendo niño lo podía apreciar perfectamente.

Más de otra época era Carpanta, el eterno hambriento, que reproducía los chistes de Charlot cuando se convirtió en buscador de oro. Carpanta simbolizaba el hambre de la posguerra inmediata. Yo no la viví; afortunadamente no supe lo que era el hambre. Así pues los viejos tebeos que los curas conservaban debían ser leídos en clave atemporal. Y duraban un huevo.

Las familias eran las verdaderas protagonistas de la ficción de mi infancia. La familia Ulises, en primer lugar, que yo sí identificaba bastante con la mía propia. Yo no tenía hermanas ni tenía perro, pero sí tenía dos abuelitas enormemente parecidas, por vestuario y costumbres, a la abuelita de los Ulises. Al leer con siete años las historias de los Ulises en el fondo estaba sintiendo lo mismo que sentían los burgueses del XIX al verse retratados en las novelas que consumían. Otra familia que se asomó a mi mundo de infancia fue la familia Cebolleta de la que recuerdo mucho menos. Me siguen pareciendo graciosos esos nombres de los personajes de los tebeos: sal gorda y una cierta dosis de ingenuidad. Como la familia Churumbel, que eran unos gitanos que se metían en muchos líos, de los que sin embargo no he encontrado ilustración alguna.

Hablaba antes de Carpanta, el eterno hambriento. Su contrario era el feliz Gordito Relleno, con una nariz enrojecida hasta la exageración y una panza descomunal. Recuerdo que comía pasteles con fruición. Y sobre todo recuerdo a las Hermanas Gilda, graciosísimas, sobre todo la gordita. Reproducían el esquema eterno que resulta válido por lo menos desde El Quijote, desde antes incluso, esquema que permite múltiples variaciones pero siempre se basa en la oposición de dos caracteres opuestos y enfrentados. La gordita, con su gracioso moño, era la soñadora, la loca, la deslenguada, mi preferida, claro. La otra, alta, severa, seca por dentro y por fuera, representaba el rigor, el orden. Tenía mala leche y siempre andaba cortándole el rollo a la otra que sin embargo, pasaba de ella. Se llamaban Hermenegilda y Leovigilda y discutían constantemente.

Tengo más personajes, pero no tengo más tiempo. Así que, como diría mi amigo Mariano José, vuelvo mañana.

26 comentaris:

soniabaste ha dit...

M'has entretingut molt avui, i m'has fet pensar. Les nenes teniem un altre univers. Ara tornen a publicar Esther als quioscos, saps qui era la nena Esther? Retratava un món femení deliciós i mooooolt conservador. Petons

vivaduracel ha dit...

Yo también lei los tebeos pero mas de unos que no hablas como mortadelo y filemon. Mi padre en cambio me habla y conserva por casa viejos tomos del capitan trueno, que era otra dimensión del tebeo, más guerrera y menos costumbrista.

Thornton ha dit...

Te espero impaciente. ¿Vendrás con El llanero solitario, con Rip Kirby, Big Ben Bolt, Roy Rogers...? Un abrazo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI ha dit...

Joder Ramon, ¡qué de recuerdos.! Parece que has descrito parte de mi tercera vida al milímetro. Sólo me ha faltado Anacleto, la 13 rue del Percebe, Tintín ( iba a la biblio del pueblo a leerlos porque eran prohibitivos) y las Joyas Literarias Juveniles de Bruguera en formato de historieta de comic (que ahora han reeditado, por cierto, en tapas duras ), o los estupendos comics de la Marvel en Blanco y Negro editados como libros de media cuartilla encuadernados a la americana. Y cambiar a tus monjas por los hermanos de La Salle, que estos eran un poco más progres, aunque había alguno al que se le escapaba alguna hostia: se subía a una banqueta porque era bajito y no llegaba...
¡Qué delicia...!

Salud

Lembranza ha dit...

A mi me encantaba el llanero solitario, con su antifaz y caballo blanco. Me encanta el post y más las ilustraciones. En mi casa los libros brillaban por su ausencia, nada más veía a mi padre leer novelas del oeste, una perdida de tiempo decía mi madre. Empece a leer libros a partir de los 15 años cuando empece a trabajar y podía comprármelos, mi madre seguía diciendo que era una perdida de tiempo y que me iba a dejar los ojos en los libros. Un abrazo

Eastriver ha dit...

Sonia, sí sé qui era Esther, tot i que no la havia llegit mai. Suposo que a la teva escola la llegieu. Nosaltres no: només erem nens.

Rafel, hablaré de Mortadelo y Filemón en la próxima entrega: había tantos personajes que tuve que dividir la entrada. Un abrazo.

Thorton, ese que comentas es otro mundo tebeístico, como dice Vivaduracel una nueva dimensión menos costumbrista. La traté poco. Un abrazo.

Mariano José, de algunos de los que hablas me ocupo en la segunda parte. De otros no, pero es gracioso ver cómo compartimos referencias.

Lembranza, algunas familias no acababan de ver clara nuestra afición lectora. Es verdad lo que dices. Eso podría ser motivo para otra entrada: el extrañamiento frente al lector adolescente. Con lo que nos gustaría ahora que fuesen lectores! Abrazos.

romeu.and.romeu ha dit...

Jo vaig llegir alguns, d'altres ni idea, com el Gordito relleno o los Churumbeles. Ha estat una alanada d'aire molt fresc.

Mireia ha dit...

Jo0 era lectora dels adudits dels Mortadelo i Filemon, i deien que les noies que reiem anmb les aventures d'Ibàñez erem una mica xicotots. Potser era veritat, amb lo lady que soc ara...

felicitaslaura ha dit...

Durante el curso, yo que era interna, no veía ningún tebeo, pero en el verano aprovechaba cualquier hora para leer todos los de mis sobrinos mayores.

Después aprendimos a hacer negocio y los alquilábamos y con el dinero comprábamos mas.

El TBO era mi preferido.

Espero la segunda entrega. Un abrazo

emeygriega ha dit...

Qué personajes, Ramón. Soy hija de la escuela laica y pública.....pero intervenida por la dictadura militar.
Atesoro personajes que me has dado ganas de recordar alguna vez.

Pero de tu entrada, me quedo con la idea del buen recuerdo que te dejan las monjas y el malo que te han dejado los curas. No debe ser casual. No sabemos- aun- de monjas pedófilas, en cambio los curas ...los hay horribles.

Y me resultó simpático encontrar un apellido que me es muy, muy, familiar: Valls.

Besos y esperamos por los que traerás más tarde.

Pulgarcito soñador ha dit...

Automáticamente pensé en una película de Almodóvar y en la dura infancia de mi viejo.
Pensé en los castigos con varillas y en los golpes en los nudillos de las manos con llaveros gigantes. Pensé en el tormento moral, en la huella imborrable que dejaron en él las prácticas inquisitorias.
Pensé también, leyendo tu hermoso relato (tan lindo como el de tu pueblo) que la ficción nos salva. Construir mundos paralelos puede ser la única puerta ante semejante realidad. Un abrazo.

Isabel Martínez ha dit...

¡Dios! (pero Dios sin curas jamelgos que se autotitulen sus acólitos), cómo he disfrutado.

He vuelto a ver a mis amigos Zipi y Zape, al pobre Carpanta, a las hermanas Gilda en sus debates... También me decantaba por la gordita y, como a ti, me seducían de manera especial Zipi y Zape, que era muy traviesa.

Coincido con Mariano José en Anacleto y 13 rua del Percebe (con la última me tronchaba). Pero espero, que has prometido segunda parte.

Jo, qué de recuerdos. Y los tochos de Disney que llegaban con los Reyes, la cursi "Mujercitas" que leí cuatro veces, los cuentos de hadas y, sobre todo, se imponen los libros de los Cinco, de Enid Blyton. Cuando los descubrí, no quería otra cosa. Los leí todos, todos, como la niña del anuncio. Y quería ser Jorge (o Georgina), aventurada y valiente.

Vaya tabarreta que te vamos a dar todos con los recuerdos, pero la entrada nos lleva a ellos, querido Ramón.

Besos, besos y besos (esta vez en castellano, que me salió así).

fritus ha dit...

Hombre, hombre, hombre...ahí las dao, envolgut company...mis recuerdos están indefectiblemente ligados a la lectura de tebeos, antes de que se llamasen cómics.

Me alegro mucho mucho del descubrimiento de esta estupenda bitácora, oiga...
una abraçada

Ciberculturalia ha dit...

No sabes como he disfrutado de tu estupendísima entrada. Para mí también son recuerdos entrañables, me refiero por supuesto a los personajes de los tebeos, de las historiatas... nunca a monjas y curas a los que les tengo definitivamente puesto el veto en tanto que pertenecientes a un colectivo, la iglesia, insolidario e hipócrita en tanto que institución. Individualmente ya es otra cosa.
Bueno pues que he disfrutado mucho hoy aquí.
Un beso

Eastriver ha dit...

Romeu, benvingut doncs a l'alanada d'aire fresc. Compartim moltes coses, de la tele, dels tebeos, de la literatura juvenil... Gracies per passar-te.

Mireia, laDY, jo no sé si les noies que llegieu a Ibañez ereu una mica xicotots, potser sí, però segur que ara teniu un sentit de l'humor a prova de bombes. Un petó, que feia molt que no sabia de tu, per què ets la de la òpera, no?

Laura, qué risa con tus cosas de negociante. ¿interna? Caray, parece de otra época... Un besazo.

Emey, sé que la pedofilia de algunos curas te horroriza igual que a mi. Es cierto que las monjas no fueron pedófilas, solo hubiera faltado, pero también es cierto que resultaron muy castrantes para muchas niñas de generaciones anteriores a la mía. Pero bueno, sí, como la pedofilia nada. Es uno de los mayores crímenes, pervertir la infancia y la inocencia de un niño.

Eastriver ha dit...

Darío, mis curas no fueron tan bestias, tuvieron más clase. Ni pedófilos ni maltratadores físicos: pijos sencillamente, despreciando lo que no les parecía estar a su altura, menospreciando al vecino pobre. Caridad cristiana, poquita poquita. Y mucha castración mental y afectiva (salvo honrosas excepciones) y mucha diplomacia rastrerilla y babosa. Una joya, vaya.

Isabel, sé que ambos preferiamos a la gordita Gilda. No podía ser de otra manera. Sí, hablaré de 13 rue y de Mortadelo otro día, es que eran tantos que no podía todo en uno. Y tengo también pensado continuar hablando de la siguiente ficción: las novelitas de Blyton, ahora tan cuestionada por diversos motivos. Nos hablamos. Un abrazo.
dijous, 14 gener, 2010

Fritus, una abraçada para ti... eso en primer lugar. Y luego no me sorprende compartir tantos recuerdos de la ficción: creo que somos más o menos de la misma edad. Estas cosas, estos dibujitos, los programas de la tele, unen más que la gran literatura, y conforman ese hermanamiento generacional... Te seguiré visitando, tanto al luminoso como al pequeño.

Carmen, está visto que no nos gustan los curitas y las monjitas... se referían a ellos siempre en diminutivo y luego eran de echarse a temblar. En cambio sí nos gustan esos dibujos que nos unen y que explciaron toda una época. Un gran abrazo.

Raticulina ha dit...

Qué de recuerdos entre todos!
Ramón, comparto tus tebeos, y la Esther de Sonia, y Mortadelo y Filemón de Vivaduracel, y las joyas de Bruguera con El Pobrecito Hablador...aunque sobresalen en mi memoria los libros de Enid Blyton al igual que Isabel (yo también quería ser Georgina!)...esos libros hicieron nacer mi pasión por la lectura.
Encantadora entrada, pasando rapidito de la inquina real de los curas (con excepcional mención de Valls) para demorarte en el placer de la ficción.

Un abrazo

mariajesusparadela ha dit...

Y había otra sección"Los inventos del TBO" eran la cosa más genial y descabellada que darse pueda...y no me acuerdo de ninguno...

Culturajos ha dit...

Señor Eastriver, hablaré por el hermano Valls, él era el que dejaba los tebeos de Zipi y Zape perdidos entre los de la familia Cebolleta. Era el único modo de que se leyese algo decente en el centro. Valls quería niños, no señores con pantalón corto, camisa y pelo con raya al lado. Valls quería sonrisas, carreras e infancia. Valls los leía primero, después los dejaba sin ser visto. Cuando descubrieron sus acciones subersivas lo llamaron a capítulo.

La literatura nos salva o nos abre puertas al mundo.

Salud Eastriver

A.R.O. ha dit...

Me has llenado de recuerdos infantiles, tanto por los personajes de los tebeos, como por esa caterva de curas que nos metieron a sangre unas convicciones religiosas y una moral que ha costado después ir arrancándose del alma.

Mercedes Thepinkant ha dit...

Extraordinarios recuerdos.
Esta nostalgia común, ¿puede ser un sintoma de que definitivamente nos hacemos mayores? ¿Que hemos dejado atrás la inocencia y la capacidad de sorprendernos? ESPERO QUE NO!!
Que diferente era todo en esa época, (yo también tengo mis años)
Hay algo que me ha sorprendido muchísimo, tengo un borrador de post preparadito AYER en el que también hablo de "mis monjitas" pero relacionándolas con otros temas. !Estamos conectados por el ciberespacio! !Que bueno!
Hermanos blogueros, la pequeña hormiga rosa os saluda afectuosamente.

Eastriver ha dit...

Rat, un día quiero hablar de Enid Blyton, de sus novelas, de sus merendolas, del mundo mágico que nos ofrecían sus novelas y que se desplegaba ante nuestros ojos asombrados. Compartimos mucho, sí...

María Jesús, qué risa el profesor Franz de Copenhague y sus inventos. Era delicioso. Además la misma estructura era anárquica, al no estar articulado en forma de viñeta uno empezaba a leer un poco por donde quería. Buen apunte, María Jeesús.

Culturajos, siempre tiendes a novelarlo todo. Y de esta forma le encuentras las analogías a las cosas. La narrativa también tiene un poder fundamental. No sólo la poesía. La narrativa puede redondear historias, encontrar las analogías, y darle sentido. Me he reído con tu propuesta. Pero seguramente tienes razón: el padre Valls colaba los Zipi y Zape entre los Cebolletas. La historia tuvo que ser así. Como tu dices: "La literatura nos salva o nos abre puertas al mundo". Le da sentido, vaya. Un gran abrazo.

Eastriver ha dit...

ARO, celebro que compartamos esas cosas. Vale que, en el caso de los curas, son cosas malas pero nos marcaron y nos hicieron bastante como somos ahora. Gracias por pasarte.

Mercedes, querida hormiga, no sé en tu caso pero yo sí me hago mayor. Poco a poco, por suerte, pero algo de ello hay. De todas formas yo siempre he sido muy de recordar, y de dejarme llevar por la melancolía de los tiempos idos. Supongo que es infrecuente en gente joven, pero no te pienses, que la gente es muy sentida en general.
Sí, es verdad que estamos conectados en una especie de telepatía cibernética o ciberespacial, o no sé cómo decirlo. Espero la historia de tus monjitas a ver qué nos cuentas. Un gran abrazo.

m.eugènia creus-piqué ha dit...

Caramba que bonita historia Ramón, me has transportado a aquella época que aunque anterior a la tuya recuerdo perfectamente los personajes
que describes,como disfrutábamos con los Tbos.Petons.

madison ha dit...

Qué recuerdos más simpáticos, me he sentido identificada casi con todo.

Jose Lorente ha dit...

He venido hacia aquí por no leer la segunda parte sin conocer antes la primera.
Tenemos muchas cosas en común, pero hoy, además, me ha sonado mucho ese padre Valls que, no sé si será el mismo, pero yo tuve también en los jesuítas.
Aún así, creo que a mí me marcaron menos. Yo no llegué a odiarlos nunca. Fue simplemente desprecio desde el primer momento. Así que después fue fácil quitarse de encima esa costra tan incómoda.
El resto de comentarios los reservo para la segunda parte.
Un abrazo y felicidades por estas entradas estupendísimas.