dimarts, 25 d’agost de 2009

MOBBING

Denunciar sigue teniendo todo su sentido. Y apoyar a las víctimas de Mobbing también. Como a esa señora que regenta una tienda de cestos en mi barrio (una tienda de cestos... por Dios, ¿de qué siglo hablamos?). El dueño del inmueble desea echarla mientras los vecinos denuncian: "Aquí se hace Mobbing". Y consiguen que se pare todo.

11 comentaris:

vivaduracel ha dit...

Se habla menos pero sigue estando de actualidad. Sé quien es la señora que dices, Hospitalet, cierto? En algun periodico alternativo se habló de este caso, un propietario que queria venderse el bloque y afectaba a la señora que toda la vida habia vendido ahí. Ha mejorado mucho pero la lucha continua, y lo que queda.

Ramon ha dit...

El caso es como dices pero el barrio es el Clot, más concretamente el Camp de l'Arpa, la tienda está en la calle Rogent, que por cierto ahora la señora se ha puesto a vender lo que ella llama el cesto solidario y creo que se forra, jeje. Es cierto que desde que se tomó conciencia del problema la cosa ha mejorado mucho pero también es cierto que queda camino por recorrer.

soniabaste ha dit...

El tema mereix una entrada més elaborada, a la finca del costat de casa han estat fent sistemàticament la vida impossible a una avia que vivia en unes golfes, gairebé en condicions infrahumanes, pero algu tenia pressa perque la iaia passés a millor vida per poder vendre la finca o ves a saber. Es fastigós de vegades l'esser huma quan demostra tan poca sensibilitat. O sigui que aquest tema no se jo si ha mejorado mucho com diu el vivaduracel. Petons desgraciadament urbans, ja soc aqui!!, quina mandra.

MARIEL ha dit...

Ramón, la tienda de cestos es como una resto de la pre-modernidad, el repudio social es un instrumento maravilloso (yo insulto a todos los políticos con los que tengo la desdicha de cruzarme, que deviene dicha cuando hago mi catarsis verbal) y la señora de la cesta "solidaria" es descendiente directa de los fenicios, ¿no? Las cestas "solidarias" sí que son atemporales.

Yo creo que si todos repudiáramos en voz alta a quien se lo merece le haríamos la vida insoportable. Lo condenaríamos al exilio, sin intervención de ningún tribunal.

Besos que pegan carteles para quien corresponda.

Susana ha dit...

¡Con lo que me gustan a mí estas mini-tiendas antiguas! La cestería del barrio, qué bonito!

M'afegeixo a la teva veu de denúncia. Cesto frente a tocho. O dit d'una altra manera: botiga de barri versus immobiliària/franquícia impersonal.

Gràcies per alçar la veu per a aquestes coses i gents "mínimes".

Una abraçada de barri.

Ramon ha dit...

Sonia, sí, és un tema per desgràcia molt actual. Recordo que quan va començar la crisi tothom parlava de què les coses canviarien, que hi hauria dinàmiques que no es podrien repetir. I ara, llegia ahir, hi ha símptomes de què la bombolla inflacionària immobiliària és torna a omplir. Res no ha canviat. El capital segueix sent el capital, l'ésser humà segueix sent per desgràcia el mateix, i haurem de seguir atents a que no es produexin més injustícies.

Mariel, cómo me he reido. Sí, la señora de la tienda de cestos es descendiente directa de los fenicios, seguro. Y yo también soy de los que se posicionan por ese exilio sin tribunales. Gracias también por tus palabras en la entrada anterior, por esa fascinación por Bolívar que naturalmente comparto, por esa apuesta decidida por la grandeza (y por el jamón-jamón).

Susana, no et perdis el comentari de la Mariel en l'entrada anterior, jeje. Sí, com ens agraden aquestes botigues petites, íntimes, sense la previsible decoració uniformadora de la resta. Coneixes el carrer Rogent? És un encantador carrer peatonal gairebé de poble que baixa des del Guinardó fins la Meridiana. El mateix traçat del carrer ja demostra que és un carrer molt antic, un camí que baixava de la muntanya nostra (el Guinardó era llavors el barri de la muntanya) fins el mar. Doncs en poc temps les antigues i encantadores botigues han estat menjades per xinos impersonals. Només queda la senyora de les cistelles i una botiga de bates, calces i calçotets que és d'una altra època. Hi ha com un sentiment d'ajudar a que aquests petits illots d'autenticitat antiga no es perdin. ¡¡Qué pijama más chulo me compré el otro día!! Y por poco dinero. Petons

Pan ha dit...

Ramon me ha picado la curiosidad por la yaya, y aunque estoy en contra del mobing la especulación, no puedo evitar fijarme en lo literario de toda la historia. Yo no sabía ni que existían las tiendas de cestos. He estado mirando por google sobre el caso y he encontrado alguna referencia en la web de Público http://www.publico.es/espana/186473/abuelos/viven/erasmus
¿Realmente la yaya ahora se forra se con los "cestos solidarios"? Estoy seguro que tu podrás explicarnos mejor la historia. Un saludo.

Ramon ha dit...

Pan, jeje, no tengo ni idea de si se forra con el cesto solidario, no tengo tanta confianza como para preguntarle. Pero desde luego que ahí lo tiene puesto. Como la gente del barrio está enterada quien más quien menos, para mostrar su apoyo... Y sí, que bueno el artículo que me envías. Aconsejable totalmente, tanto por la primera parte como por la coda final, donde habla de mi nueva heroína, la vendedora de cestos de la calle Rogent. Y sí, tienes muchísima razón, qué literaria es esta historia, las yayas y los okupas compartiendo carrito de la compra.
¿Bien las vacaciones? Eso espero. Me hubiese encantado subir a F. una tarde pero mi verano ha sido tan loco que no he parado. Saludos.

MARIEL ha dit...

¿No es maravilloso pasar del mobbing a tus nuevos pijamas de tienda antigua? Me los puedo imaginar, sí, sí, no tienen competencia.

Ramon ha dit...

jaja, Mariel, como a Susú me encanta la vida de barrio. (A partir de hoy ni por asomo se me ocurriría hablar mal de ella aquí porque, advierto, ella recibe todos los comentarios de todos!!!!, te mantengo informada, jeje) El pijama te imaginarás: cero diseño pero diez en encanto. A parte de la Barcelona de diseño, tan parecida a sí misma, ya ves que existe otra, más encantadora aunque escasa.

Pan ha dit...

Ramón, tranquilo por lo de la visita veraniega, ya nos lo imaginamos que había sido causa mayor. Volviendo con lo de lo litarario de la historia de la yaya me recuerda salvando las distancias a "un tranvia en SP" del Unai Elorriaga y a su adpatación peliculera,"un poco de chocolate" y aunque ambas pecan de ser un poco pastelosas son simpáticas.